AUNQUE LA ACTUAL crisis financiera es de origen norteamericano y ha adquirido en los Estados Unidos caracteres que recuerdan a "la gran depresión" de 1929, sus efectos se dejan sentir en todos los rincones del planeta, incluyendo el continente europeo, muy vinculado económicamente a América.
En los Estados Unidos, el gobierno federal tuvo que intervenir de modo contundente, nacionalizando las dos grandes hipotecarias establecidas con apoyo público, Freddie Mac y Fannie Mae, e interviniendo la principal aseguradora del país, AITE. El presidente Bush ha conseguido que el Congreso aprobara un plan de recuperación basado en la compra de títulos crediticios de baja calidad (las llamadas "hipotecas basuras") para sanear los balances de los bancos e impedir el desplome de Wall Street. La operación de salvamento de los bancos por el Gobierno federal tiene un coste inicial previsto de unos 700.000 millones de dólares, pero algunos expertos sostienen que esta cantidad resultará insuficiente debido a la profundidad de la crisis.
En Europa no tenemos instituciones similares a las norteamericanas y los recursos presupuestarios de la Unión son también limitados. El sistema financiero de la Unión ha sido preservado, y sigue siendo sostenido, por las instituciones de control y vigilancia de cada uno de los Estados miembros como el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores y la Dirección general de Seguros en nuestro país. Aunque la Unión Europea ha dado normas en algunos sectores financieros como las relativas a los coeficientes de solvencia o a las garantías de depósitos, corresponde a los reguladores nacionales el control de su aplicación.
El Banco Central Europeo actúa como prestamista de última instancia, pero carece de facultades de reglamentación propias. Las instancias europeas son organismos de coordinación, que se apoyan en el buen funcionamiento de los mecanismos nacionales de reglamentación en cada Estado miembro.
Europa, por otro lado, se ha ido construyendo a base de crisis. La crisis financiera norteamericana, que ha afectado ya, aunque sólo sea parcialmente, al sistema bancario europeo, debería ser una buena ocasión para que las instituciones europeas trataran de afirmar sus competencias en este ámbito. Parlamento y Comisión ya venían defendiendo la necesidad de avanzar hacia un sistema europeo de control de los riesgos financieros.
El Consejo, formado por los representantes de los gobiernos de los Estados miembros, había sido hasta ahora mucho más comedido que las otras dos instituciones a la hora de hacer declaraciones. y promesas. El presidente de la República Francesa y, como tal, presidente del Consejo de la Unión Europea, Nicolás Sarkozy, escenificó una reunión de urgencia de los países europeos miembros del Grupo de los Ocho (Alemania, Francia, Italia y Reino Unido), justamente con los presidentes de algunas instituciones europeas (Comisión, Banco Central Europeo, Eurogrupo), para abordar la crisis financiera. Las conclusiones fueron las esperadas. Cada Estado mantiene sus facultades soberanas y asume sus propias responsabilidades, no teniendo las instancias supranacionales otro papel que el de tratar de coordinar las diferentes políticas nacionales.
Cada gobierno de la Unión ha tomado las medidas que consideraba apropiadas para evitar que la crisis afectara de modo sustancial a sus sistemas bancarios nacionales. Los países del Benelux y el Reino Unido han nacionalizado bancos. Casi todos los países miembros han aumentado las garantías de depósito para tranquilizar a los cuentacorrentistas y evitar precipitadas extracciones de dinero. La única acción concertada ha sido la elevación de la garantía de depósitos a 50.000 euros, por debajo de las últimas previsiones de la mayoría de los Estados miembros. Por lo demás, el Banco Central Europeo se ha visto obligado a rebajar los tipos de interés a consecuencia de las presiones del sistema americano de la Reserva Federal y de acuerdo con ésta.
Básicamente, la estructura financiera europea sigue siendo sólida, gracias a la eficacia de los sistemas nacionales de control y a pesar de la falta de un auténtico regulador europeo. La crisis financiera norteamericana, con sus repercusiones en Europa, ha puesto de manifiesto, sin embargo, la necesidad de establecer un auténtico sistema de regulación financiera en el nivel europeo, sin el cual no sería posible garantizar la libre circulación de capitales en el conjunto de la Unión.
* Diputado al Parlamento Europeo, PSOE
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