TENGO ganas de leer cualquier periódico canario y encontrar noticias gratas, ilusionantes, esperanzadoras en algún sentido. Pero qué va... En esta semana y en semanas anteriores hemos tenido la ruptura definitiva del pacto entre PP y PSOE para gobernar en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, con lo que se cumple el ocaso de la merienda de negros que ha sido la siempre seria corporación municipal, hasta que llegó esta disparatada legislatura. El Puerto, que anda mal desde tiempo atrás y que ni siquiera ha respondido a los propósitos de la coalición contra-natura en la promoción que llevó a cabo para atraer turistas homosexuales y depravados con la estética, la moral y hasta las formas de elemental educación y corrección dirigida por internacionales y locales especialistas en esas porquerías, no se arregla ni con los tremendos gastos de las fiestas de carácter semirreligioso, para poner un parche sobre las orgías de descomposición moral. Si a este panorama añadimos unos hoteles de vieja planta, que no son ni la sombra de lo que fueron, el antiguo atractivo del Puerto de la Cruz ya no se recupera con nada, porque la fama de ciudad cordial, donde no había forasteros porque nadie era diferente a nadie y el nativo siempre fue amigo del extranjero y viceversa, ya son cosas del pasado. Ya desapareció la última sala de cine que quedaba y el Puerto está peor que muchos pueblos pequeños de todas las Islas. Aquellas salas de baile como el Rancho Grande y otras de la avenida de Colón son historia y las típicas tascas de La Ranilla han desaparecido. Si el Puerto hubiera crecido al lujo y lo selecto y caro, por lo menos vendría menos turismo de la alpargata y más turismo de poder adquisitivo, pero todo ha ido degenerando hacia lo cutre, con la excepción del turismo que viene al juego y que no sé si llena la que fue preciosa Sala Andrómeda, obra del inolvidable César Manrique. Y me queda citar la xenofobia a que ha dado lugar las diferencias de precios para residentes y no residentes en todos los servicios municipales. He citado sólo el Puerto de la Cruz, por haber sido la primera ciudad turística de Canarias, pero lleva el mismo camino o peor, tras el bodrio recientemente inaugurado y con el magistral Auditorio, alquilado a particulares para celebrar una boda. Caminamos hacia lo cutre.
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