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El laberinto navarro

12/oct/08 07:21
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CRISIS económica y financiera aparte (si eso fuera posible), el asunto político de más trascendencia registrado en la semana ha sido y es, sin duda alguna, la quiebra del pacto "a la bávara" suscrito hace diecisiete años entre el Partido Popular (PP) y la Unión del Pueblo Navarro (UPN), por el cual -a semejanza de lo que ocurre con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera- el PP no existe en el Viejo Reino, y a cambio UPN se integra en la disciplina del PP a todos los efectos en las instituciones representativas nacionales.

Historia que hay que conocer

Es necesario hacer memoria de la génesis de UPN y de su posterior pacto con el PP para comprender el fondo del asunto:

El régimen de Franco no resolvió, sino que sólo aplazó mientras viviera, las tensiones nacionalistas y separatistas vascas y catalanas que tan importante papel desempeñaron en la caída de la Monarquía, el advenimiento y la crisis de la II República y la propia guerra civil. Eso se demostró cuando, al día siguiente de la muerte del dictador, resurgieron con fuerza ante la opinión pública esas tensiones centrífugas, cada una con sus perfiles propios.

El Partido Nacionalista Vasco no ocultó nunca, desde el primer día, su ambición anexionista de Navarra. Por eso, cuando la UCD de Adolfo Suárez hubo de mantener una actitud negociadora con los partidos nacionalistas para lograr su apoyo parlamentario, se encendieron todas las luces de alarma en el centro-derecha navarro. Éste fue el origen de la UPN, fundada precisamente por navarros escindidos de la UCD, que querían asegurar la imposibilidad de una posible anexión de Navarra a las ensoñaciones separatistas disparatadas de los hijos del desequilibrado Sabino Arana. Pero la fragmentación del voto de centro-derecha en el Viejo Reino propició el acceso del PSOE al poder autonómico, con los resultados del espectáculo de corrupción galopante que es imposible olvidar.

Comoquiera que el PSOE nunca ha mantenido una posición seria respecto de Navarra, el socialdemócrata Jaime Ignacio del Burgo cocinó el "pacto a la bávara" con el PP -ya desaparecida la UCD-, a fin de concentrar el voto del centro-derecha evitando, al mismo tiempo, toda suspicacia navarra ante posibles claudicaciones del partido hermano de ámbito nacional hacia los delirios anexionistas del PNV.

Las cosas parecían marchar bien, sobre todo cuando el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, en su negociación con la ETA, permitió que se incluyera en la agenda la baza de Navarra. Pero las últimas elecciones en la Comunidad Foral, aunque dieron a UPN ganadora rotunda, no le otorgaron mayoría absoluta. No le quedó más remedio a Miguel Sanz, máximo dirigente del partido, que pactar el apoyo parlamentario del PSOE. Y ahora, cuando Rodríguez ve peligrar sus Presupuestos del Estado de 2009 en el Congreso, ha puesto en marcha una operación de presión hacia Sanz: si sus dos diputados se abstienen en los Presupuestos rompiendo la disciplina del Grupo Popular al que están incorporados, los socialistas mantendrán su apoyo para que UPN gobierne Navarra.

Ya nada será lo mismo

La reacción del Partido Popular ante este flagrante quebrantamiento del pacto ha sido la única posible: denunciar la traición, y anunciar la alta probabilidad de tener que reorganizar el partido en Navarra.

A su vez, Sanz ha convocado al máximo órgano de UPN, que ha ratificado su maniobra aprobando por amplia mayoría que sus dos diputados en el Grupo Popular se abstengan en la votación de los Presupuestos en el Congreso. Dos diputados que, por cierto, no parecen estar de acuerdo entre sí, ya que mientras uno de ellos, Carlos Salvador, parece acatar la disciplina de UPN, el otro, Santiago Cervera, está en la actitud contraria.

Por su parte, el PP no ha reaccionado (al menos cuando esto se escribe) más que con el silencio, cosa muy explicable ante el dilema en que ha sido puesto: ¿rechaza la traición de UPN y se reorganiza en Navarra como tal PP, haciendo así un enorme favor estratégico a los socialistas, justo cuando el presidente del PSOE guipuzcoano, Jesús Eguiguren, resucita la nostalgia de cuando el Gobierno negociaba con la ETA? O, por el contrario, ¿acepta esta fragmentación del voto contrario a los Presupuestos por parte de los dos diputados navarros, y trata a continuación de restaurar en lo posible el pacto?

El Partido Popular puede hacer una de estas cosas: una, dar por roto el pacto con UPN y reaparecer en Navarra; dos, aceptar la ruptura de la disciplina de voto de los diputados navarros del Grupo Popular y mantener a continuación el pacto a trancas y barrancas; tres, ordenar a todo el Grupo Popular que se abstenga, aceptando así dar vía libre al debate presupuestario y tratando de rectificarlo en lo posible después, y fingir que no ha pasado nada con el pacto porque, a fin de cuentas, la disciplina de voto se ha mantenido.

Sea lo que fuere finalmente, lo cierto es que ya nada será como antes, porque ha quebrado la confianza recíproca entre las dos fuerzas políticas que sellaron el acuerdo "a la bávara", y eso, por más que se quiera maquillar, es definitivo, no tiene vuelta atrás.

Sobre Miguel Sanz recae una responsabilidad histórica. Como es natural, él sostiene que no trata de mantenerse personalmente en el poder, ya que ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones autonómicas; pero es inevitable la sospecha de que no trabaja a favor de los intereses de Navarra, sino de los suyos propios e inmediatos. El único gran beneficiado con todo esto es el partido socialista. ¿Es eso velar por los intereses de Navarra?

 

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