Hace tres meses, el Ayuntamiento de Santa Cruz puso en marcha un operativo especial de limpieza denominado Operación Barrios; unos zafarranchos que se combinan con las acciones rutinarias que realiza diariamente Urbaser y que, en resumidas cuentas, equivale a una limpieza general como la que cada vecino hace en su casa periódicamente. En vez de lavar las cortinas, sacudir las alfombras y limpiar las ventanas, estos zafarranchos inciden, entre otros asuntos, en el repintado de las señales, la eliminación de los graffitis, en plantar nuevas especies vegetales o en realizar baldeos intensivos.
Hasta el momento, el operativo, que ha sido bien acogido por los vecinos, se ha centrado en 12 zonas del municipio. Desde Urbaser se han coordinado los trabajos de varias empresas y departamentos municipales: Parques y Jardines, Emmasa, Lumican, Imes?Un trabajo que esperamos poder seguir realizando los próximos tres años y que se completa con una atención personalizada a aquellas personas que requieren de la ayuda de los operarios de Urbaser para desembarazarse de muebles y enseres. Lo dicho, una limpieza general calle a calle que responde a la constante petición de muchos vecinos de Santa Cruz que demandaban al Ayuntamiento para que se intensificaran los trabajos rutinarios.
Pero todo esto, el trabajo, el esfuerzo, la planificación de todas estas áreas municipales, la coordinación de recursos? todo, repito, se convierte en un brindis al sol desde el mismo momento en el que un vecino, uno sólo, sale a la calle y no cumple, no ya con las ordenanzas municipales, que también deben respetarse, sino con las más elementales y básicas normas de convivencia. En todos estos meses, las brigadas de apoyo a estos zafarranchos, que van comercio a comercio y vecino a vecino explicando las tareas que se acometen y recabando las sugerencias y quejas de cada calle y de cada barrio, coinciden en señalar la falta de civismo de algunos ciudadanos que no recogen los excrementos de sus perros, no cumplen con los horarios de retirada de las basuras o tiran papeles y colillas al suelo cuando no emborronan con pintura (que muy distinto es el graffiti de la pintada) muros y fachadas.
Miles de euros y horas de trabajo que desaparecen por el comportamiento incívico de unos pocos. Y no trato de tirar balones fuera. Faltaría más. También, en ese comportamiento incívico, tiene culpa el Ayuntamiento; debería la administración local contar con mejores mecanismos de sanción (algo en lo que esperamos poder ofrecer novedades en breve) y aumentar la cuantía de las multas. El objetivo no puede ser otro que el lograr que al que ensucie le salga muy cara su acción. Que esa colilla que lanza desde el coche o ese excremento de su perro que no recoge le suponga un golpe a su bolsillo. Es triste que en medio de la corriente de preocupación que invade a esta sociedad con respecto a la sostenibilidad del planeta; en unos momentos en los que miles y miles de familias se han comprometido (los datos están ahí) a reciclar y a tener un comportamiento más responsable con el futuro de nuestra tierra todavía haya personas tan irresponsables. Gente que no se comporta como si viviera en sociedad; personas que salen de la puerta de su casa y no entienden que su calle, su barrio y su ciudad también son su casa; y que es también responsabilidad suya el mantenerlos limpios.
Un gesto de esas personas, que por fortuna son una reducida minoría, echa por tierra el trabajo diario de muchas, muchísimas otras y, por encima de todo, enfanga la imagen de una ciudad que merece, por respeto a todos los vecinos, ser tratada con mayor respeto, tal y como hacen habitualmente el noventa y nueve por ciento de los chicharreros.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife
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