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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Ahorrar a destiempo

12/oct/08 07:21
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Era común en la época de nuestros abuelos, y en tiempos aún anteriores, ahorrar durante los años de abundancia para tener de qué vivir cuando llegaban las vacas flacas. No voy a repetir aquí y ahora, porque eso se ha dicho y redicho en innumerables ocasiones, que pocos son los que han atesorado unos eurillos durante la pasada década y media, cuando el crecimiento ha sido grande y la economía generosa. Todo lo contrario: quien más, quien menos, se ha endeudado hasta las cejas. La última vez que escribí esto, un lector airado me envió una dura nota recriminatoria. Me acusaba de ver sólo una parte del problema ya que, a su entender, la elevada insolvencia de las familias españolas no se debía a una actitud inconsciente, sino a que los especuladores de siempre, junto a políticos corruptos, habían incrementado tanto el precio de la vivienda, que era imposible adquirir una casa sin hipotecarse para toda la vida. La mitad de la verdad. Desgraciadamente siempre habrá algún político corrupto -la mayoría no lo son; conviene recordarlo-, y siempre habrá especuladores porque la especulación es consustancial con cualquier actividad empresarial. Yo diría que incluso con cualquier actividad humana. Constantemente especulamos ante los demás con nuestro aspecto físico, con nuestra capacidad intelectual y, por supuesto, con nuestro mayor o menor poderío económico. En caso contrario, no compraríamos coches de gran cilindrada para circular por unas carreteras colapsadas que no nos permiten pasar de sesenta; y si nos lo permite el tráfico, nos lo restringen las normas de seguridad. En definitiva, monsergas aparte, nos hemos endeudado porque pensábamos que esto era Jauja -localidad peruana de la que algún día quizá cuente algunas cosas- y que nos habíamos convertido en ricos. Guardar en estos últimos años, para qué negarlo, se había convertido en una prudencia obsoleta.

Las cosas han cambiado. Porque ahora, cuando el lobo no sólo ha enseñado las orejas sino corre presto hacia el despavorido rebaño, las familias españolas se han puesto a economizar. Por primera vez desde hace varios años, la tasa de gasto de los hogares aumenta menos que la renta disponible. En palabras sencillas, gastamos menos de lo que ganamos. Tarde y a destiempo.

Siempre que hablo con un economista, incluso delante de una cámara de televisión, le pregunto hasta qué punto las crisis tienen un carácter netamente psicológico. En el caso concreto de la situación actual, me pregunto y le pregunto a los sabios si nuestros graves males no se deben a una pérdida de confianza de los consumidores, entendidos éstos en la máxima extensión del término. No sólo el señor y la señora que antes realizaban generosas compras en el supermercado y ahora se lo piensan un poco antes de llenar dos carritos, sino también los empresarios que hasta hace poco estaban más dispuestos a arriesgar que ahora. Las respuestas suelen ser coincidentes: se ha producido una falta de liquidez importante debido a las hipotecas de baja calidad en Estados Unidos, lo cual a su vez ha provocado una crisis de confianza. Ciertamente, si incluso en los mejores años de bonanza todos los cuentacorrentistas de un banco acuden el mismo día a retirar su dinero, la entidad en cuestión pasaría serios apuros.

Ahorrar había que haber ahorrado antes. En la situación actual, por duro que sea entenderlo, cualquier retraimiento contundente del consumo contribuye a empeorarlo todo; incluso puede ser la causa de la bancarrota definitiva. Estas son las reglas del juego, aunque cueste entenderlas. En definitiva, a buenas horas mangas verdes.

rpeyt@yahoo.es

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