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Salmón ahumado en la ópera bufa

10/oct/08 07:17
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PUES NO. No voy a hablar de la delicia gustativa del salmón ahumado, sobre todo el de Noruega, y si es gratuito o de pago, porque a alguien le puede dar un inesperado brote de soriasis y no es menester hacerlo para que el prurito tome carta de ciudadanía antes que el doctor, en leyes, determine la gravedad de la afección. Habrá que esperar, entonces, por mucha sosa cáustica que se quiera verter sobre la piel del aludido, pese a reconocer que la crítica va incluida en el sueldo. ¿El público o el privado??

Sin embargo, considerando las posibilidades del salmón para reinar en una mesa bien organizada, habremos de incluirlo en el menú de la ópera bufa celebrada el pasado viernes en el Auditorio de Tenerife. Una clitoridiana escultura, carente de comodidad para los espectadores, fruto de un arquitecto valenciano que llamaba a cobro revertido cuando se ponía en contacto con los responsables de la obra, haciendo gala de un talante ahorrativo exacerbado.

Pero si su interior no es precisamente un dechado de comodidad, sí dispone de amplias terrazas con vistas al puerto, capaces para celebrar un abanico de posibilidades lúdicas, siempre, claro está, que se abonen 4.000 ó 2.800 euros por día completo o media jornada. Y puestos a rentabilizar la cosa, los miembros del Consejo de Administración de la empresa Auditorio de Tenerife S.A. han ideado que este espacio, en principio cultural, sea cubierto por toda clase de eventos; incluidos bodas, banquetes y bautizos, más promociones de "taper ware", almohadas cervicales y sillones de masaje. Algo mucho más factible en el vecino recinto de "La Cucaracha" (Recinto Ferial), obra, con goteras incluidas, del mismo autor.

Sinceramente, no tengo nada personal contra la feliz pareja conformada por un director de radio y una dentista. Tampoco tengo que objetar nada contra el cocinero que, dicen, perdió una estrella, o la cantidad de veces que su vástago se chupaba los dedos mientras elaboraba las recetas frente a una cámara en un programa televisivo autonómico. No obstante, sí puedo exponer mi repulsa más absoluta a la idea de convertir un símbolo de la cultura en la sede del pijerío local y también que se transforme en una carpa, pues con la plaza de España antes de los mamotretos quedamos más que hartos. Lo que me choca es la complicidad participativa de algunos rostros conocidos de la política local e insular, que con su acto de presencia han aplaudido de forma entusiasta esta iniciada temporada de ópera bufa en que se convertirá nuestra emblemática escultura. Obsérvese que nunca la trato como un edificio propiamente dicho, pues no voy a repetir la carencia de funcionalidad interior que ostenta. Y si la idea ha sido, ya de por sí, una pésima actuación, no lo es menos el hecho de que no se pudiera celebrar el bodorrio en el recinto interior, debido a que se estaba realizando el ensayo general de una verdadera ópera.

En cierta ocasión me enseñaron las reformas que se habían hecho en una importante casona de La Orotava, en la que emplazaron una veterana sociedad cultural donde, por cierto, un ascendiente mío formó parte de la primera Junta Directiva. El caso es que después de recorrer sus salones nobles, en los que se había tratado de mantener su estilo clásico original, mi anfitrión, que pertenecía a la directiva de aquel momento, me soltó de forma inesperada una patujada salida de lo más profundo de su vena campesina. "Falta", me dijo, "construir la barbacoa en el jardín para que los socios, si lo desean, vengan a organizar un asadero con sus amigos los fines de semana". Por fortuna él ya no figura en la Junta y su idea de la barbacoa no maduró nunca. Pase, volviendo al Auditorio, que se realicen convenciones compatibles con alguna actuación musical clásica o menos clásica y que se impartan conferencias de diversa índole, amén de presentaciones de libros y hasta onerosas charlas de ex candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, que por cierto contamina y gana mucho más que lo que defiende. Pero no es de recibo convertirlo en un recinto verbenero, con barbacoa incluida, a desprecio del objetivo para el que fue construido.

Me consta que habrá muchas manifestaciones en pro de la iniciativa, como la de Adán Martín, y en contra como la del anterior director de la OST, Víctor Pablo Pérez, que ha puesto el grito en el cielo por esta inesperada invención e invasión. Tampoco estoy de acuerdo con las declaraciones justificativas de la necesidad de financiación, porque en definitiva la cultura, como bien público, es siempre deficitaria. Y esto tendrían que haberlo sabido mucho antes de empezar a inyectar tantos miles de millones en tan oneroso, por su construcción y mantenimiento, recinto supuestamente público, siempre que se tengan esos miles de euros que cuesta su alquiler para menesteres privados, con comparsas y guardaespaldas aparte.

Me da la impresión, como en la anécdota citada de la sociedad orotavense, de que hay algún ramalazo rústico imperando en la empresa Auditorio de Tenerife S.A. y lo único que deseo, para su bien, es que no permanezca mucho tiempo al frente de su administración, para que un día, supuestamente con la misma justificación, vayan a alquilar las luminarias como puestos fijos a las trabajadoras y trabajadores del oficio más antiguo del mundo.

Que prevalezca la cordura ante esta disparatada iniciativa, que sólo satisface el ego de una mínima parte de esta sociedad y su acostumbrada cohorte de representantes públicos hambrientos de canapés y notoriedad. Aunque me da la impresión de que ellos seguirán haciendo lo que les dé la gana, según su costumbre.

jcvmonteverde@hotmail.com

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