Economistas del mundo, ¡uníos! Esta gente necesita luz.
Pero nada más lejos de la realidad, porque el "virus" es como una de esas enfermedades contagiosas y raras que trataba el doctor House -serie americana- y en las que ninguno de los adjuntos, ni él mismo, acertaban o se ponían de acuerdo, ni con la diagnosis ni con el tratamiento. Rara, rara, contaminante, contaminante y lo peor es que todavía estamos apuntando síntomas en la pizarra.
Da la impresión, de que es un elefante que estaba quietito y engordando. Y de repente, ha empezado a mover la trompa y todo el mundo se ha empeñado en pararle la trompa. Sooo, animal. Deja de mover el órgano. Puede hacer daño con los colmillos. Sooo, sooo, fiera
El problema puede ser que mueva las patas y ese cuerpo inmenso, de no sé cuántas decenas de toneladas, empiece a moverse, se ponga a andar o se recueste. Dios nos libre. Ese es el verdadero riesgo. Y el tronco del elefante lo representan y componen las clases medias y trabajadoras, las pymes y autónomos, los profesionales y asalariados, a las que nadie parece prestar la más mínima atención.
Los grandes "gurús" de la economía mundial se encuentran divididos ante los remedios inmediatos a aplicar, porque parece estar claro, a estas alturas de la película, que algo hay que hacer. Lo que no está claro es ¿qué?
Si descartamos a los expertos de la izquierda radical (marxistas, leninistas, maoístas?), que entienden que el actual proceso de "crac" es parte intrínseca del capitalismo a ultranza y que confirman la evidencia de que las hecatombes periódicas anunciadas por ellos mismos culminarán cualquier periodo de bonanza, con lo que, como conclusión, es necesario cambiar el modelo; y si descartamos, igualmente, a los valedores fanáticos de la economía de libre mercado, sin medidas ni correcciones sociales de ningún tipo y que por lo tanto opinan que esto hay que dejarlo a su libre albedrío y que se revienten los melones, podemos encontrarnos con que el 80% o más, de los economistas del mundo, -llamo economista, a todo aquel que tenga idea de la materia- en ese resto, mayoritario, pragmático y keynesiano, está de acuerdo en que algo hay que hacer. Pero, repito, ¿qué?
Parece que los brutales enchufes de dinero de la Reserva Federal, en socorro de su sistema y de entidades teóricamente privadas y los de las autoridades del Banco Central Europeo, el Banco de Japón, la banca suiza? en la misma línea o senda conjunta sobre el sistema y entidades privadas, están orientadas a detener la amenazante trompa del elefante. Pretenden intervenir en la cúspide del sistema y en el vértice que corona la pirámide, para evitar el "riesgo sistémico" o "cascada de fuego", y que el reguero de pólvora no se extienda creando más metralla y devastación sobre el tejido económico. Esa es la excusa.
Pero es que el único problema no es que la trompa esté dando bandazos, sino que el cuerpo del animal no bombea sangre -consumo- y esto no se arregla con ánimos ni voces a favor de la circulación de riqueza o consumo. Ya quisieran la mayoría de las familias consumir más.
Declaramos hasta la saciedad, para que no cunda el pánico, que la banca española es estable y que tiene una previsión establecida en su modelo muy superior a la media europea, que ya es de las más garantizadas del planeta. Que la exposición a las "sub prime" y a toda la "morralla derivada" es testimonial o muy atenuada, y es verdad. Es la pura verdad. Pero su exposición a otros riesgos inmobiliarios y empresariales propios es alta, y si no se venden viviendas, coches, bienes y servicios, la debilidad puede convertirse, y de hecho es ya, en una lacra preocupante.
En vez de salvar únicamente a los "Diplodocus" del universo capitalista, liberándolos de "activos tóxicos" o en vez de sujetar sólo la trompa, ¿no será mejor, además y prioritariamente, diseñar planes de activación para las clases medias y trabajadoras? Para el cuerpo del elefante. Un elefante sin trompa y colmillos puede sobrevivir, sin cuerpo no puede. ¿Consistentes en qué? En planes de empleo y liberación de cargas consecuentes; en medidas de aseguración y apoyo garantizado a las primeras hipotecas con valoraciones suficientes; apoyo decidido a las pymes, autónomos, profesionales; reducción de impuestos directos e indirectos en los tramos inferiores; activación de nuevos modelos de producción y tecnologías...
Por supuesto que todo este minianálisis, tarado por espacio y posibilidades, expresado en un artículo de opinión, no deja de ser utópico y voluntarista. Mea culpa. Sólo pretendo volcar el criterio de una corriente extensa de economistas, gestores y políticos. Esta intervención, sobre todo la del tesoro de EEUU, trata de apuntalar la cúspide de la torre, pero lo que hay que conseguir es hacerlo manteniendo la base; si no, no sirve de nada, y esto que digo no se está realizando ni motivando. Por ejemplo, hoy por hoy, se niega antes de acceder a las oficinas financieras y antes de acceder a su estudio, a empresas y particulares, préstamos y coberturas que entrarían de lleno en la viabilidad y en cualquier análisis de riesgo, "superconservador". Se está negando el pan y el estropicio puede ser atroz.
Grandes inmobiliarias, fábricas de coches, empresas de telecomunicaciones, emporios comerciales? sufren el espectacular desplome del consumo. Por ejemplo: los pisos no se venden. Ni uno. Y el fenómeno de vacío no se aguanta ni se arregla ayudando a los poderosos con sus activos tóxicos y animándonos a nosotros a consumir. En esta crisis actual se pone de manifiesto una cosa. Si no tenemos lo suficiente para pagar nuestras hipotecas, los que nos fastidiamos somos nosotros mismos, pero y ahí confluye con "su cruz", tampoco para consumir. Que consuma tu tío.
Con este dineral encima de la mesa, que ya sobrepasa el millón de millones de dólares, ¿qué van a hacer? Financiar el quedarse en procesos de intereses sobre intereses, de usura, ejecución y subasta, con nuestra fincabilidad y crear entes mundiales con las propiedades de medio planeta o ayudar realmente a que quien planificó razonablemente sobre un trabajo, situación e ingreso pueda cumplir con sus obligaciones adquiridas.
A usted y a mí. Esa es la pregunta de fondo.
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