Tenía dudas a la hora de elegir el título de este artículo, porque me parecía más impactante y periodístico "Siempre nos quedará El Corte Inglés", pero como era un poco ambiguo y podía valer para casi cualquier orden de la vida, he preferido centrarlo y transmitir mayor información en el encabezado, sin abandonar un ligero tono irónico, no exento de triste y melancólica resignación.
¿Sabían ustedes que el pasado lunes, 22 de septiembre, "hemos celebrado" el "Día sin coches"? Es probable que no se hayan dado cuenta y no les culpo, aparte de la actividad organizada el domingo por el Corte Inglés para ir en bicicleta a San Andrés, no ha existido ninguna actividad promovida por las instituciones vinculadas a esta efemérides. ¿La razón?: el periódico El Día publicaba, el mismo lunes, citando fuentes del Ayuntamiento santacrucero, una información que justificaba la no celebración -por tercer año consecutivo- por una supuesta "dejación europea (?) y que no se quiere dar la sensación de cerrar la ciudad" (¿?) Sin comentarios? Dan ganas de entrar a degüello, pero me voy a contener.
Hagamos algo de memoria histórica, un concepto polémico en estos tiempos difíciles que corren: En el año 2000, más de 400 ciudades europeas -entre ellas, la capital tinerfeña- se sumaron a esta iniciativa comunitaria para promover el transporte público, la movilidad sostenible y, sobre todo, una ciudad donde los protagonistas fueran las personas y no los coches, con un aire más limpio para todos. No se trataba de cerrar la ciudad a la gente, sino a los coches, lo que no es lo mismo ni parecido. Al contrario, los espacios urbanos más congestionados eran recuperados al menos por un día por los ciudadanos y la contaminación se tomó "un respiro" por unas horas.
Ese año y de forma insólita, el Ayuntamiento de Santa Cruz desarrolló una iniciativa valiente y arriesgada: cerró al tráfico el centro urbano de la ciudad (sólo un 10 por ciento de la capital), de 10 de la mañana a 8 de la tarde, habilitó más de 15.000 aparcamientos en el extrarradio, conectados con la zona central por un servicio de gratuito guaguas, cada 5 minutos, acordó con los taxistas una reducción de la bajada de bandera, programó un extenso programa de actividades lúdicas y de ocio en las zonas acotadas y permitió que todas las asociaciones y colectivos pudieran exponer y desarrollar lo que les viniera en gana en la calle porque, al fin y al cabo, se trataba de "su" espacio. Ese día los niños pudieron jugar en la calle como algunos -ya algo mayores- recordamos que se hacía no hace demasiadas décadas.
Esta compleja celebración, que necesitó del trabajo conjunto de ocho concejalías, dirigida por el entonces concejal de Tráfico Juan Antonio Rodríguez, por supuesto tuvo todo tipo de detractores -incluso entre algún miembro de aquel gobierno municipal creo recordar-, que no comprendían la necesidad de complicarse la vida en un tema que "no era prioritario" para la ciudad.
En todo caso, el día sin coche del año 2000 fue un éxito organizativo sin precedentes, atribuible a un ayuntamiento innovador y no acomodado en la poltrona, demostrando que podíamos prescindir -al menos un día al año- de un coche por persona y, más importante aún, que la ciudad pertenece a los ciudadanos, no de los vehículos. No voy a entrar en el importante mensaje de concienciación y educación ambiental que transmitía la institución con esta celebración, y que tanto escasea tradicionalmente en la mayor parte de los ayuntamientos canarios. Ni tampoco hablaremos de toda la irrepetible experimentación y pruebas técnicas de tráfico que se realizaron aquel día para mejorar la forma de circulación que hoy padecemos.
El final es triste porque aquel concejal, garante y paladín ingenuo del día sin coche, al cambiar de área municipal, no pudo repetir la iniciativa al año siguiente, y esa celebración fue perdiendo fuerza -progresivamente- hasta desaparecer, prácticamente, hace tres años y convertirse en una fecha incómoda para los responsables municipales, que tienen que sufrir las "impertinentes" preguntas de los periodistas que los ponen en evidencia sobre si tienen algo pensado para el Día Europeo sin coches. O peor aún, una empresa privada es la única que organiza algo, con la "colaboración del ayuntamiento": el mundo al revés.
La única conclusión posible es que, ocho años después, hemos ido para atrás como los cangrejos y que -mención aparte del tranvía, iniciativa del Cabildo, que nadie discute- existe una apatía municipal evidente por promocionar alternativas más sostenibles de movilidad en la capital tinerfeña como existen en otros lugares de España (Barcelona, Bilbao, Valencia, etc.).
Mientras preparaba este texto alguien me ha "soplado" que el Ayuntamiento está preparando una gran iniciativa en movilidad sostenible para el 2009. Ojalá sea cierto, lo analizaremos cuando ocurra. De momento, este año, y los anteriores, suspenso.
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