CONFIESO QUE TENÍA muchos deseos de ver esta ópera en directo y por eso fui predispuesto a pasármelo bien, como así ocurrió. Hacía tiempo que no presenciaba un espectáculo tan completo, y la función del sábado 27 de septiembre fue de esas noches redondas y mágicas que reafirman la afición al "bel canto".
Cuando Giacomo Puccini escribió "Manon Lescaut", su segunda obra, dijo que era su hija predilecta, y con ella el compositor italiano comenzó de alguna manera a modelar o pincelar lo que serían sus grandes éxitos. A la descarriada "Manon" le sigue la atribulada "Mimí" de la "Boheme", la desdichada "Cio Cio Sam", de "Madame Butterfly", y la sufrida y suicida "Florian Tosca", de "Tosca". Puccini sigue una pauta y muestra su predilección por las mujeres, enmarcándolas en grandes tragedias, a través de una música sublime que desde los primeros compases encoge el corazón del espectador. La atracción por el compositor permite a los nuevos creadores trasladar la historia de estas heroínas a cualquier época, y en esta ocasión transcurre a principios del siglo XX, y aunque no es totalmente de mi agrado, me conformo con los cambios mientras no se toque la partitura, lo que consideraría un verdadero sacrilegio.
Esta producción de la Ópera de Leipzig está magistralmente dirigida por Giancarlo del Mónaco, hijo del celebérrimo tenor, quien se ve que nació dentro del teatro. Su sensibilidad por la música de Puccini debe ser enorme, pues con un decorado sencillo y concreto, y utilizando con gran sentido el juego de luces, creó un coordinado movimiento escénico en el que el espectador se ve atrapado desde el primer instante. Coro y figurantes pasearon con destreza y habilidad, arropando a los protagonistas principales, con los que se entremezclaban, y que fueron conducidos sutilmente hacía el terreno donde la tragedia se muestra con tal intensidad que el público vive y llega a sufrir los tristes designios de los personajes. Me fijé mucho en el "atrezzo" que Giancarlo demostró cuidar al detalle, complementos y accesorios que no parecen ser importantes, pero que sin embargo muchas veces son fundamentales para entender la escena, del que Del Mónaco es un maestro. El tercer acto ha sido de los mejores episodios que he presenciado. Como el humo, una vía de tren, y una puerta y una ventana con barrotes, que simbolizan una cárcel, pueden conseguir representar una deportación con tanta emoción. Los personajes en el suelo con sus bártulos, el juego de luces tenebrosas y la belleza musical del intermedio, consiguieron junto a la OST bajo la experta batuta de Lü Jia sobrecogernos. Este director ha conseguido en poco tiempo hacernos olvidar el buen hacer de Víctor Pablo Pérez.
El elenco mostró gran profesionalidad, y todos cumplieron su cometido con seguridad. El coro estuvo compacto y brilló especialmente en el primer acto. Carlos Bergasa y Carlos Chausson estuvieron a un gran nivel, como el resto de cantantes, Cristina Faus, Israel Lozano, Jorge Cordero, Marco Moncloa y Francisco Santiago. Extraordinaria la soprano china Hui He, con una enorme voz, y que se movió con destreza y seguridad por el escenario. Brilló interpretando su partitura y fue premiada con la mayor ovación de la noche. Me sorprendió el tenor Albert Monserrat, seguro en los agudos, con temple y poniéndole corazón y brío a un trabajo con el que acabó casi extenuado. Muchas felicidades al elenco y directores, y especialmente a la OST. También para los organizadores, por regalarnos una noche de ópera memorable.
Debo acabar con un pequeño apunte desagradable. No comprendo cómo después de tres horas y media presenciando un gran espectáculo, un sector minoritario del público puede salir del recinto como alma que lleva el diablo y casi sin esperar al último compás, invadiendo las escaleras centrales y laterales, e impidiendo al resto de espectadores ofrecer el mejor premio por el buen trabajo de los profesionales, una gran ovación. El maná del artista es el aplauso, sin este simple reconocimiento no podría vivir.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD