COLPISA, Bélgica
Cincuenta años después de que el primer fármaco cambiara la historia de la esquizofrenia al "sacar" del manicomio a sus pacientes para darles tratamiento normalizado en la comunidad, el abordaje sanitario y social de esa forma más grave y frecuente de psicosis arrastra serias asignaturas pendientes y se enfrenta a importantes retos. Empezando, en palabras del experto alemán Werner Kissling, por la "estigmatización de la enfermedad y su terapia psiquiátrica", que retrasa el diagnóstico y perjudica indirectamente a la investigación en salud mental al derivar en discusiones sobre la inversión en ese ámbito que no se plantean en otro tipo de dolencias.
Kissling, psiquiatra de la Universidad de Múnich, alerta de las negativas consecuencias de tal estigma. Por una parte, las personas con esquizofrenia y otras psicosis (la incidencia permanece estable en las últimas décadas entre el 0,8% y el 1% de la población) tardan hasta cuatro o cinco años en buscar tratamiento. Por otra, más de la mitad de pacientes que deberían tomar antipsicóticos, no lo hacen. En España, el escenario es parecido, ya que el alto porcentaje de diagnósticos (85% de las 440.000 personas con algún tipo de psicosis) no se corresponde con el inferior 50% que recibe el correspondiente tratamiento, déficit en el que influyen tanto el retraso medio de tres años en iniciarlo como el incumplimiento terapéutico.
Recaídas
El abandono o toma inadecuada de la medicación es uno de los grandes quebraderos de cabeza de los especialistas, porque es el principal motivo de recaídas, que además de numerosas (el 80% de pacientes las sufrirá), se sucederán con más frecuencia, causarán mayor discapacidad y responderán peor a nuevos tratamientos. "Cada recaída disminuye la capacidad terapéutica de los antipsicóticos", remarcó un experto.
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