Tenerife Norte
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El Norte baja el telón

Si se confirma el cierre del cine Chimisay, la comarca mantendrá proyecciones sólo en Los Realejos (muy esporádicas) y en los Yelmo de La Orotava, aunque están en declive. El siglo XXI no parece hecho para los cinéfilos de antaño.
5/oct/08 07:32
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ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz

No eran de acero, sino de tela y caían o se desplegaban lateralmente al concluir una película, una obra teatral u otros actos. Los telones de los cines de siempre comienzan a engrosar (aún más) las listas del paro mundial de objetos inertes -si cabe la imagen- por el fenómeno de las nuevas tecnologías y los hábitos de ocio y consumo de las actuales generaciones, sobre todo en Occidente. Una tendencia planetaria de este tipo, por supuesto, no podía obviar Canarias. La comarca del Norte de Tenerife sirve de inmejorable botón de muestra del declive de una oferta que, como genialmente refleja Cinema Paradise, esa obra maestra del cine desde el cine, vivió décadas de esplendor en el siglo XX y hoy es sustituida por las películas "bajadas" de internet, los canales satélites, los DVD de todo tipo y el cine, muchas veces enlatado, que ofrecen diariamente las televisiones en abierto.

Aunque el Ayuntamiento portuense mantiene negociaciones con los dueños para evitar el cierre o, cuanto menos, garantizar que una de las tres salas del célebre cine Chimisay (inaugurado en 1969 y con 732 butacas) siga ofreciendo el séptimo arte, si se confirman los malos presagios existentes desde hace meses en la ciudad, el motor económico de la comarca perderá uno de sus principales referentes de ocio. De hecho, y según señalaron el pasado jueves diversos trabajadores a EL DÍA, todo apunta a que, en una semana, quizás se consuma la bajada definitiva y triste del telón, aunque sea simbólica y, ojalá, parcial y temporalmente.

Si ese fundido en negro deprimente se impone, el Norte apenas ofertará proyecciones de las novedades fílmicas en el cine Realejos, de forma esporádica y gracias al apoyo del ayuntamiento, así como en las 12 salas que, desde 2002, abrió la multinacional Yelmo Cineplex en el centro comercial La Villa, en La Orotava. Unos cines que, de todas formas, también están sufriendo la crisis de cinefilia mundial, ya que, en el pasado, tuvieron que eliminar la sesión de las 16:00 horas y llevan meses comprobando un "bajón" considerable, según fuentes de la empresa. Eso sí, aclaran que la situación no es catastrófica y que están lejos de un traspaso o un cierre, tal y como se ha rumoreado.

Santa Úrsula también solía ofrecer proyecciones de forma esporádica y, durante mucho tiempo en los últimos años, con cierta regularidad, aunque en la actualidad es víctima de la misma sequía.

Con este panorama, nostalgia e impotencia son algunas de las sensaciones que asaltan a los románticos cinéfilos que, pese a que reconozcan las ventajas modernas, degustan y valoran en su justa medida el sabor añejo y auténtico del sonido del proyector en la sala, los asientos (más o menos cómodos), la pantalla gigante, la arquitectura de los cines de siempre y -aunque en esto hay un verdadero conflicto de principios- hasta el olor a palomitas o millo frito, si se prefiere el habla isleña.

Nostalgia por aquel histórico teatro Atlante (1935, 676 butacas, obra del arquitecto José Blasco Robles), que en paz descanse. Eso sí, su derribo originó un movimiento vecinal de gran mérito que acabó ganando en los tribunales frente a las tesis del Gobierno orotavense (CC) y la empresa Pejomar, en un claro parangón de Cinema Paradise (edificio de viviendas antes que la historia, cultura y el patrimonio de un pueblo).

Nostalgia por el cine Orotava (ahora auditorio Teobaldo Power y terminado en 1957), que fue comprado por el consistorio en 1991 y que lleva más de 15 años esperando una reforma que parece una entelequia. Y por el cine Perdoma, con aquel inconfundible aroma a sala de barrio.

También se perdieron hace tiempo las proyecciones en el realejero cine Viera (1947). O en el icodense Apolo (de 1970 y 1.146 asientos), empleado por CC como sede durante las últimas elecciones locales. En la Ciudad del Drago tampoco se ofrecen proyecciones en el ahora cine municipal, que antes se conoció como cine Fajardo (inaugurado en 1950 y con 500 plazas), según repasa Álvaro Ruiz Rodríguez en su magnífico libro "El templo oscuro", relativo a la historia y arquitectura de estas salas en Tenerife desde 1897 a 1992.

Algo similar ha ocurrido en Tacoronte con el cine Capitol, ahora auditorio, y el Medina (Agua García), entre otros. Lo mismo en La Matanza, La Victoria, Garachico y Buenavista, entre otros pueblos, lo que deja casi desértica la oferta comarcal.

La nostalgia crece si se atiende al gran número de cines con que ha contado el Norte desde principios del XX. Siguiendo a Ruiz, casi para arqueólogos quedan el Teatro Principal orotavense, obra del arquitecto Antonio Pintor y abierto en 1914. También el Teatro Cine de Icod, de 1919; el del mismo nombre promovido por el empresario José Barreto en el Puerto de la Cruz en 1919, y otro de igual designación y año en Los Realejos. Se suma el de Garachico, que data de 1920; el de Los Silos, de 1923; el icodense cine Royal, de 1925 e impulsado por José Luis Ravelo Vergel. En el mismo caso se halla el Teatro Tophan, del Puerto, inaugurado en 1926 gracias a Antonio Tophan y con un aforo de 843 plazas. El Metropolitano de Tacoronte irrumpió en plena II República (1932) con 239 butacas y gracias a Antonio Vallés. El Olimpia lo hizo en 1935 en el Puerto de la mano de José González y con 500 asientos. En La Victoria se disfrutó desde ese mismo año del Gran Cinema, con 464 butacas y promovido por Julio González Ramos, que luego adquirió el ayuntamiento para diversos actos culturales, como ha ocurrido en otros casos, aunque no en situaciones flagrantes como la del orotavense Atlante, pese a que un año antes de su derribo, en 2002, una moción de IPO-LV para su compra y protección ante "movimientos especulativos" fue apoyada por todos los partidos.

La lista la agranda el cine Bencomo, de Los Silos, que se terminó en 1947 y que contaba con 704 plazas. También el Dorta, de La Guancha, de 1949 y 419 asientos, o el cine Rambla, de San Juan de la Rambla, concluido en 1953, con 350 butacas y que albergó luego un casino. Asimismo, el cine Vera, del Puerto, que data de 1957 y con 410 plazas, que pasó después a ser usado como comercio; o el Prado, de La Matanza (1958), El Atlántida (La Caleta, 1959), cine Tanque y el Timanfaya (1977), que acabó perteneciendo al Chimisay y que cerró a principios de 2008.

Todos han sufrido la caída casi definitiva del telón y, por lo que parece, poco se puede hacer al respecto. Queda la nostalgia.

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