Arado de la tierra
Para Ángel Fuertes González, con la cordialidad de siempre.
Removiendo va la tierra,
a su modo, el viejo arado,
alimentando durezas
del suelo y sus desengaños,
y con su esfuerzo logrando
nutricio de sementeras.
¡Ay arado de la tierra!
de mi Isla del Atlántico,
cuantos sudores te cuesta
hacer tu labor sin llanto,
pero tú vives y alientas
ese tu brío arriscado.
Y van los surcos abriendo
y otras veces ondulando
lo que antes fue sin celo
un terreno derrotado,
un lodazal de desecho
y un despojo sin encanto.
Más después de tu airear
por ese campo agrietado,
tú le dejas su amistad,
y poco a poco, tu tacto,
y con tu abrazo le das
también tu apego entorchado.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
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