LOS SOCIALISTAS nunca han sido generosos con Canarias cuando han gobernado en Madrid. En octubre de 1982 ya estaban colocados en una explanada adyacente los prismas de hormigón para construir el puerto de Garachico. Es decir, el proyecto no se encontraba sólo en el trámite de papel; de alguna forma, las obras ya habían comenzado. Al menos en su fase previa. Pero en octubre de 1982 el entonces PSOE de Felipe González llegó a la Moncloa, y el comandante mandó a parar. Los socialistas tinerfeños callaron. Callaron en público; en privado se regocijaron por tumbarle una obra a la derecha. Para ellos, la derecha era la UCD y no la entonces Alianza Popular. AP, según sus criterios, formaba parte de la extrema derecha. Los socialistas tinerfeños primero son socialistas y luego tinerfeños. No ocurre lo mismo en Las Palmas. En Las Palmas, cualquier político siempre lleva una camiseta amarilla, sobre la que se pone la camisa del partido en que milite. Pero la camiseta amarilla no se la quita nunca. No se la quitan ni los taxistas. "Esta es más ciudad que aquella", me dijo uno, en cierta ocasión, camino del aeropuerto. Pude responderle que esta es más isla que aquella; más por extensión, por población y por otras muchas cosas, pero me callé. No para evitar una discusión absurda ni por sumisión, sino por cansancio. Aunque estábamos con los socialistas y su malquerencia por Canarias.
Fue en un periódico de Las Palmas donde leí esta semana que a cada canario le corresponderán doscientos sesenta y tanto euros menos que a cada peninsular por inversiones estatales en los presupuestos generales. Y subrayo lo de un periódico de Las Palmas porque ha sido en esa isla donde más votos ha obtenido el señor López Aguilar. Quiero decir que no se trata de otra mentira publicada por un diario de Tenerife para denostar al PSOE y defender a ATI. Para ellos, CC es ATI. En cualquier caso, la cifra me parece exagerada. La entendería -estamos en tiempos de crisis- si la reducción de inversiones hubiese sido proporcionalmente equivalente para todas las comunidades autónomas. Pero no. Para el Gobierno socialista de Madrid, no es lo mismo Cataluña o Galicia que Canarias. Para Zapatero, Pepiño Blanco, Fernández de la Vega -¿debo escribir de la Vogue?- y otros, sin olvidar al Terminator, hay nacionalismos buenos y nacionalismos radicalmente perversos. Más aún: hay independentismos benignos y descabellados. Los buenos son, sobra decirlo, quienes apoyan al iluminado y su caterva para gobernar en Cataluña y Galicia. Y también, pues siempre hay españoles de primera, de segunda y de tercera, la policía vasca es tan legítima y necesaria como la catalana, la de Navarra y no sé cuántas más. La única que supone un despilfarro, qué casualidad, es la policía canaria. Bien es verdad que, según los criterios del PSOE nacional, los canarios no somos españoles de segunda ni de tercera; somos de cuarta.
A esta tierra le ha ido infinitamente mejor cuando en Madrid ha gobernado el PP. Basta un somero vistazo a lo ocurrido entre 1996 y 2004. Le hubiese correspondido a los socialistas canarios, si fuesen canarios antes que socialistas, plantarse en Madrid y exigir una rectificación a este atropello presupuestario. Han optado, en cambio, por justificar la injusticia. Primero Pepe Segura nos explica detalladamente que la culpa no es de Solbes sino del Gobierno de Canarias por no presentar proyectos. Luego, como cabía esperar, apostilla el señor López Aguilar que los presupuestos son buenos por su carácter social, obviando, claro está, el capítulo seis; el de las inversiones minoradas, por si alguien no lo sabe. Aunque, según él, todo es mejorable de aquí a noviembre. Unos presupuestos auténticamente sociales son los que establecen medios para que los ciudadanos puedan trabajar y ganar dinero. Lo otro -el pesebre de votos- pueden metérselo donde les quepa; no en noviembre, sino desde ahora.
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