La historia de Tenerife, ciertamente ya bastante dilatada, se conforma como una serie de capítulos cuya trascendencia y características adquieren una gran variedad. A lo largo de más de cinco siglos se han ido desgranando los hechos que sucesivamente se han incorporado a la memoria común, a esa que todos los isleños compartimos, que es la misma en la que nos reflejamos y hallamos las raíces de nuestra existencia como pueblo.
Parte de esos acontecimientos han sido sumamente gratos y otros, por el contrario, han requerido de esfuerzo para lograr superarlos y poder continuar avanzando por ese camino que nos conduce hacia el futuro. En algunas ocasiones señaladas, los tinerfeños han sido requeridos también para enfrentarse a situaciones realmente comprometidas que, en todo caso, han servido para mostrar el valor y la determinación de una ciudadanía empeñada en preservar su tierra, su patrimonio y sus costumbres; su esencia, en definitiva.
Por fortuna, hace ya mucho tiempo que ningún poder extranjero intenta apropiarse de lo que no le corresponde en esta Isla, por lo demás siempre acogedora con quienes acuden a ella pacíficamente. Sin embargo, en siglos pasados tal circunstancia halló repetidas veces hueco entre las apetencias de quienes pensaban que Tenerife y los tinerfeños serían una pieza fácil y sumamente codiciable. Por ese motivo, ya desde el principio de la incorporación a la Corona castellana fue preciso establecer un sistema que en alguna medida proporcionara la debida defensa ante posibles ataques.
Eran otros tiempos y también mucho más extensas las posesiones españolas, de tal manera que podía ocurrir que cada una en su aislamiento y lejanía debía de garantizarse los medios para su supervivencia. Así, nuestra Isla, a través de su Cabildo, adoptó la decisión de adquirir piezas de artillería que contribuyeran con su fuego a rechazar los ánimos de los potenciales invasores.
Una de esas armas fue el cañón "Hércules", que llegó a Tenerife en 1566 tras haber sido fundido casi dos décadas antes en Flandes. Desde ese momento comenzó a hacer historia como testigo privilegiado de todos los sucesos bélicos que tuvieron lugar en nuestra tierra. Así, tomó parte activa en la exitosa defensa ante los ataques dirigidos por los británicos Blake y Jennings y, ya en su madurez, incluso contribuyó como apoyo disuasorio cuando Nelson infructuosamente quiso redimir las derrotas sufridas por sus dos compatriotas.
Después de tres siglos entre nosotros, este cañón fue trasladado a Madrid para ser exhibido en el Museo de Artillería. Allí permaneció durante nada menos que otros ciento sesenta y cinco años hasta que pudimos recuperarlo en una iniciativa conjunta del Cabildo de Tenerife y del Museo Histórico Militar de Canarias. Ahora, este centro conserva celosamente esta pieza que forma parte imprescindible del devenir tinerfeño.
Precisamente por ese motivo el "Hércules" permanecerá en exhibición desde esta misma semana hasta el próximo mes de marzo en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife, ubicado en la lagunera Casa Lercaro. Desde ahí seguirá mostrando su compromiso con la Isla y sus habitantes y, al propio tiempo, representando un ejemplo palpable de lo que ha sido nuestra historia. Se trata, sin duda, de un atractivo singular que engrosará los muchos con los que ya cuenta este establecimiento, siempre digno de ser visitado.
* Presidente del Cabildo de Tenerife
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