ALBA Y LUNA PÉREZ, San Sebastián de La Gomera
Me llamo Alba. Y mi hermana, Luna. Tengo diez años y ella, tres. Yo vivo con mi madre en Tenerife y Luna aquí, en La Gomera, con mi padre y su mujer, Eva. Ellos viven en Hermigua, pero me han dicho que vienen todos los años a la Romería de San Sebastián y, cada cinco, a la Romería de la Bajada de la Virgen de Guadalupe. La verdad es que no sé por qué esperan tanto tiempo para hacer esta romería. La verdad, me gusta mucho. Todo el mundo está contento, se ríen por nada y te dan cosas desde las carrozas.
Mi hermana Luna no se está quieta, todo lo quiere tocar y se sorprende cuando una señora, vestida con el traje típico de La Gomera, con su falda azul y sus estrellas amarillas, se acerca a darle un poco de refresco. Sus ojos van de las carrozas a los grupos, de los grupos a los niños de su edad que, como ella, flanquean la calle Ruiz de Padrón. Los ojos les hacen chirivitas con los colores de los trajes de magos, y las carrozas, y las calles, que todavía huelen a detergente después de haberlas fregado una cuba.
Se acerca, curiosa, a una pareja de extranjeros en la entrada de La Callejeta (una calle pequeñita que va a dar a la iglesia) y les pregunta por qué no están vestidos como ella, de maga, ante la sorpresa de la mujer, que le dice, en perfecto alemán, que no la entiende. En eso viene mi padre y se lo pregunta en inglés y la señora dice que no es de aquí y no tiene traje. Luna, generosa y pilla como siempre, le dice que ella se lo presta. Así van pasando las horas.
Mi padre me explica que estos son unos días muy especiales y que la Romería de la Bajada es algo así como el inicio del fin de semana grande de las Fiestas, que terminarán dentro de unas cuantas jornadas. Antes, la Virgen de Guadalupe, que está en una ermita pequeña en un sitio que llaman Puntallana, llegará a la playa en barco y un montón de gente dará golpes en el mar con sus brazos a modo de bienvenida.
Seguimos caminando hacia abajo -ya veo el mar- por la calle Ruiz de Padrón. Hay muchos olores: a vino y cerveza derramados, a carne de fiesta, a gofio amasado con miel y almendras. Y la gente se está reuniendo en la plaza de San Sebastián (de Las Américas, me dice mi padre). Antes, Luna ha puesto una carita muy simpática cuando una señora que conoce a mi padre le ha dado un poquito de pella de gofio. Primero se arrugó un poco, pero después le pidió más.
Mi padre me dice que el grupo que baja cantando con las chácaras es Hautacuperche, de aquí de San Sebastián, y el otro, Chácaras y Tambores de Valle Gran Rey. Hay también un grupo que viene de Los Campitos, la carroza del ayuntamiento y el tractor de Casanova, justo delante de la carroza de Antonio Padrón y el grupo El Tostón de Fuerteventura.
Así, una tras otra, me va nombrando todas las carrozas y grupos que forman la Romería: la de Arteaga, el grupo Los Campesinos de Lanzarote, el tractor de Fernando Herrera y un grupo de La Palma, con un traje muy distinto con un gorro en pico. Mi padre me explica que son de un pueblo llamado El Paso, que está antes de llegar a Los Llanos de Aridane. Y que dentro de poco veremos a un grupo folclórico que viene desde Sabinosa, en El Hierro, con sus trajes blancos y gorros con cintas de muchos colores. Lo que más me gusta es el sonido de las chácaras. Suenan como a ritmo antiguo y me ponen los pelos de punta. También me cuenta que, justo por delante nuestro, pasa ahora el grupo La Atalaya, de Agulo, con la carroza de Amaza y después llegan las agrupaciones Tanaina y Coros y Danzas de Hermigua y Agulo.
Por fin llegamos a la plaza y estamos, la verdad, un poco cansadas las dos: Luna porque no se ha parado y yo porque es la primera vez que estoy en una romería y, la verdad, me ha gustado mucho.
Ahora la gente se reúne en la plaza y sacan los "tapers" de comida. Arroz amarillo, lomo empanado, croquetas. Cosas fáciles y rápidas de hacer para no estar toda la mañana en la cocina y poder venir a la Romería. Un señor que mi padre conoce le pide vino de Arico, y le da un poco -un culito le dice él- de la bodega de mi abuelo en La Sabinita. Es tinto y está fresquito. Ojalá mis abuelos hubieran podido venir.
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