M. GÓMEZ, La Laguna
La elección de Eduardo Doménech como rector de la Universidad de La Laguna (ULL), en mayo de 2007, coincidió con un momento de especial efervescencia en el mundo universitario, a las puertas de la transformación que supondrá la convergencia con el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Este proceso, en cuya "línea de salida" ha estado la ULL y que deberá acelerarse en los próximos meses, ocupa buena parte de sus esfuerzos como máximo responsable de la institución.
-¿De qué manera ha cambiado la ULL desde que usted accedió al rectorado?
-Por un lado, hemos abierto las puertas de la Universidad para que entre aire nuevo, pero también para que salga un espíritu de conocimiento y cultura hacia la sociedad. Ése es uno de los cambios que se perciben y así nos lo transmiten las instituciones con las que hablamos; no sólo empresas, sino también administraciones y asociaciones. El otro punto que ha marcado el inicio de nuestro mandato es la apuesta clara por la adaptación a Europa. Fuimos una de las 33 universidades públicas que optaron por ofrecer este curso un título de grado adaptado a Europa, en nuestro caso Periodismo.
-¿Cree entonces que se comienza a superar el tradicional divorcio entre sociedad y Universidad?
-Las instituciones públicas están empezando a ver ese cambio. También tenemos muy buena sintonía, por ejemplo, con la Cámara de Comercio, que patrocina algunos de nuestros títulos de máster. Hay un intercambio entre lo que ellos necesitan y lo que la Universidad enseña. También es verdad que aún hay muchos empresarios que no han establecido un marco de colaboración, bien con grupos de investigación, bien con la institución como tal. Esa es una de nuestras tareas pendientes.
-¿A qué se debe el "déficit" de financiación externa de las universidades canarias?
-En primer lugar, a la diferencia de tejido productivo. No es lo mismo Madrid o País Vasco, con un tejido industrial muy importante y un sector empresarial y comercial muy desarrollado, que Canarias, donde el punto fuerte es el turismo, pero falta industria pesada y tecnológica.
-Da la sensación de que la convergencia va a provocar una auténtica revolución en la Universidad: una veintena de titulaciones reconvertidas en grado, otros tantos títulos nuevos... ¿Tiene suficientes profesores e instalaciones adecuadas la ULL para recibir esa avalancha?
-La adaptación de los títulos actuales se puede afrontar con pequeñas inversiones que ya estamos haciendo. Estamos dividiendo aulas en Guajara, y lo haremos en otros campus, para que las clases puedan darse en pequeños grupos. En cuanto al profesorado, no se precisará un aumento significativo. Sí es un problema el grado de envejecimiento, que afecta sobre todo a las titulaciones clásicas, donde hay áreas en que el profesor más joven puede tener 52 años. Si no entra profesorado nuevo de aquí a diez o catorce años y los actuales docentes se jubilan, habrá dificultades para reemplazarlos. Por eso queremos iniciar ya la negociación del plan de prejubilaciones.
-Usted ha dicho que la financiación que el Gobierno destina a la ULL a través del nuevo contrato programa no basta para acometer las inversiones necesarias en infraestructuras.
-Hay algunos proyectos, como la Facultad de Educación, la transformación del campus central en edificio administrativo o la división de aularios, que sí podemos realizar con la inversión comprometida. Pero hay que recurrir también a concesiones administrativas y al uso de fondos RIC que permitan, a más largo plazo, desarrollar todas las infraestructuras que necesitamos.
-Existe un amplio debate respecto a si la Universidad está preparada para afrontar la convergencia pero, ¿lo está la enseñanza preuniversitario para aportar alumnos con la suficiente preparación?
-Esa es una cuestión clave que hemos trasladado a la Consejería de Educación, en el sentido de que, cuando hablamos de adaptación al EEES, deberíamos hablar de todo el sistema educativo. En toda España, no sólo en Canarias, cada vez se reducen más horas de materias como Matemáticas, Física y Química. Otras, cono Latín y Griego, han quedado reducidas a una presencia testimonial. Además de ser negativo para la propia enseñanza no universitaria, provoca que, cuando el alumno llega a la Universidad, tenga muchas dificultades para seguir los estudios, porque no tiene la base adecuada.
-¿Corren algunas titulaciones el riesgo de desaparecer?
-Eso también depende de las propias facultades. La Comunidad autónoma ha fijado un mínimo de 25 alumnos y hay algunas titulaciones que no llegan. Hemos recorrido los centros para sugerirles que introdujeran cambios en el diseño de los títulos que los hagan más atractivos para el alumnado. Hemos pedido a las facultades que innoven, porque se está detectando en muchas universidades una gran demanda por parte de gente que a partir de los cuarenta años emprende estudios universitarios. La forma de compatibilizar esto es que parte de las enseñanzas de esas titulaciones se impartan on-line. Tenemos que hacer cambios para asegurar este número de alumnos y, al mismo tiempo, debemos exigir al Ministerio y la Consejería que no disminuya el número de horas de materias básicas en Bachillerato y ESO. De esa forma no habrá problemas.
-¿Las facultades están respondiendo a esa demanda de innovación en el diseño de los títulos?
-En distinta intensidad. Hay titulaciones como Geografía que ha incorporado Ordenación del Territorio, un cambio que no es sólo de denominación, sino que incluye estudios con gran salida profesional. En otros casos se ha producido un cambio de nombre, pero echamos en falta que no se hayan introducido contenidos nuevos que hagan más atractiva la titulación. Cada centro es responsable de elaborar el currículum de su titulación. Luego habrá que ver cómo responde el alumnado para saber si es necesario introducir otro tipo de modificaciones. El sistema debe auditarse cada seis años y analizar si los objetivos se han cumplido o no. Eso puede hacer que, si no se han diseñado de una forma adecuada, de aquí a seis años sí puedan correr peligro. Estamos insistiendo en que no se trata de cubrir el expediente para pasar el filtro, sino de afrontar el proceso con la filosofía de que, de aquí a seis años, las titulaciones que se están diseñando sigan siendo atractivas para los estudiantes.
-¿Puede ponerme algún ejemplo de esas titulaciones que no han innovado lo suficiente?
-No. Yo soy médico y puedo hablar de medicina y no de otro tipo de titulaciones. Pero será la propia demanda por parte del alumnado la que refrende el acierto o no en el diseño de los títulos.
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