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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Problemas sin solución

3/oct/08 07:30
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Hay una forma de no suspender nunca un examen: no presentarse. Lo malo es que así tampoco se aprueba. Supongo que los políticos de hoy están plenamente convencidos de su incapacidad para resolver algunos problemas. Y cuando digo incapacidad no me refiero a ninguna insuficiencia personal para superar la prueba en cuestión, sino a que algunos problemas tienen difícil solución o, sencillamente, carecen de ella. Algo que volvió locos a los matemáticos al principio del siglo pasado, cuando descubrieron que cualquier intento por zanjar determinadas cuestiones dentro de esta ciencia conduce siempre a un callejón sin salida. "Dediquémonos a aquellos problemas que tienen solución", propusieron los más optimistas. Vana alegría. Lo peor no era que unos pocos asuntos resultasen intratables. Lo alarmante era -y sigue siendo- la imposibilidad de saber cuál es la situación de antemano. Para no cansar, uno se puede pasar toda la vida intentando solventar algo sin saber que no existe ninguna solución.

La inutilidad de cualquier esfuerzo en otros temas resulta más evidente. Verbigracia, el desempleo. Ayer se conocía otro alarmante dato para la economía regional: 4.466 parados más durante el mes de septiembre. Un total de 180.805 personas están en condiciones de trabajar pero no encuentran colocación en toda la comunidad canaria. Invertir esta tendencia no depende de lo que haga o deje de hacer el Gobierno autónomo, el Gobierno central, el ministro de Economía o el consejero archipielágico del ramo, José Manuel Soria. Quizá lo único práctico que se puede hacer es mentir. Decir, sin que al orador en cuestión se le caiga la cara de vergüenza, que dentro de tres años el PIB español superará al francés. Aseveración que muchos creen a pie juntillas porque necesitan algo a lo que agarrarse, así sea un clavo ardiendo. La esperanza del desahuciado que toma cualquier mejoría, aunque sea leve y momentánea, como señal inequívoca de que ya está cerca la cura de su mal.

No hay una solución para esta crisis económica porque no se trata, como ha ocurrido otras veces, de un bache transitorio. Lo que está agotado es el modelo. Eso lo han entendido en Estados Unidos, país poco dispuesto a sanear empresas que carecen de futuro. De nada sirve pan para hoy y hambre -mucha hambre- para mañana. Y en lo que nos afecta a nosotros, cuanto antes olvidemos los suculentos pelotazos inmobiliarios, mejor. A partir de ahora se construirá lo que se pueda vender, y se venderá lo que la gente pueda comprar sin endeudarse hasta los 70 años. De la misma forma, se acabaron los coches por encima de las posibilidades, las vacaciones más lejos de donde uno puede ir y hasta las idas frecuentes a restaurantes de postín, que cobran sólo por dejar entrar. En definitiva, nos aguarda una nueva economía en la que sólo los funcionarios y similares -lo recordaba hace un par de días Andrés Chaves- tendrán días de asuntos propios y una hora diaria para desayunarse a media mañana, sin que quiebren sus empresas. Aunque ojalá todos los problemas que tenemos se resuelvan metiendo en cintura a los funcionarios.

rpeyt@yahoo.es

 

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