JOHN MALKOVICH, un famoso actor norteamericano que presentó en el Festival de San Sebastián la película de los hermanos Coen "Quemar después de leer", donde interpreta a un analista de la CIA, ha dicho de forma lapidaria: "Todos llevamos un idiota dentro". No sé si oyó hablar o leyó en la prensa el último acuerdo del Parlamento de Canarias contra la libertad de expresión, dedicado a este periódico por el contenido de los editoriales de nuestro director; porque un servidor y otro montón de canarios, e incluso extranjeros, habíamos pensado lo mismo y había encontrado una justificación a la frase en tan insólito acuerdo.
Pero uno, en particular, supone que la dimensión de la idiotez del individuo o individua no es igual en todos los casos, y en éste roza el máximo por ignorar una cosa tan elemental como los poderes de una Cámara Legislativa. Tenemos la excepción de que un miembro de la Cámara, que es el presidente del Gobierno, aunque pertenece a uno de los grupos que se adhirió a la moción, no tomará ninguna medida contra el diario y su editor y director. Se supone que esta negativa va también contra la petición del vicepresidente del Ejecutivo, señor Soria, de retirar o no enviar a EL DÍA anuncios institucionales, a manera de castigo. Se supone que con el mismo derecho -que jamás ejecutará porque nuestro director es un caballero- el periódico podría rechazar cualquier anuncio del Parlamento pretextando simplemente, y puede probarlo, que no tiene espacio en sus páginas. Y me viene a la memoria la máxima de un querido y ocurrente compañero, que en el Metro de Madrid y en cualquier tumulto, le hacía frente al fanfarrón godo con la frase: "Para macho, macho y medio".
Los lectores han podido ver en nuestros números posteriores al patinazo parlamentario cómo el pueblo canario, en su gran mayoría, se ha puesto al lado de nuestro periódico y nuestro director. El mandamás socialista López Aguilar se ha perdido una ocasión de oro para ridiculizar a su oposición por su analfabetismo en materia de poder. Y los periódicos canarios, en vez de demostrar su solidaridad con EL DÍA, por simple espíritu de cuerpo y ante una injusticia ilegal y manifiesta, que les pudo tocar a ellos, jalearon escandalosamente el mal achacado de unos compañeros injustamente, como jamás he visto en otras latitudes.
La solidaridad, insisto, brilló por su ausencia y se tornó en insultos y desprecio. Han logrado encanallar un gremio que siempre ha estado muy unido.
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