La crisis que nos azota se ha intensificado, y con ello, los problemas para mantener la actividad, la financiación y el empleo en las empresas no sólo del sector de la construcción, sino también de los demás sectores económicos que dependen directa o indirectamente del nuestro. La morosidad aumenta, las entidades bancarias siguen restringiendo la financiación a empresas y particulares y las Administraciones tienen problemas de tesorería por el descenso en la recaudación de impuestos, limitando sus gastos actuales y sus previsiones de inversión para 2009. No nos debemos olvidar de que estamos ante una crisis financiera que está arrastrando a toda la economía en un claro proceso de estancamiento. No está en los empresarios y en las empresas el origen del problema. Habría que mirar al mundo financiero como verdadero responsable de la situación actual.
La Administración debe y tiene la obligación de apoyar obras pequeñas para que no aumente el paro. Es urgente que los fondos para infraestructuras se distribuyan entre muchas y pequeñas obras. La manera más racional de frenar al máximo el desempleo es que se hagan pequeñas obras en cada Isla y en cada municipio. Proyectos como la remodelación de plazas, mejoras de calles, reparación de las paredes en las medianías, recuperación de las zonas verdes, remodelación de nuestros pueblos, barrios, calles y todo equipamiento comunitario. Estas obras sí crean empleo. Y también dan trabajo a las pequeñas y medianas empresas canarias, que no nos olvidemos, son las que con su trabajo invierten sus beneficios en nuestra tierra.
Ante la crisis que estamos padeciendo y el preocupante incremento del paro no sólo en nuestro sector, sino en toda la economía, creo, en mi modesta opinión, que hay que aplicar la fórmula conocida por vieja y sencilla, pero valiente, de acometer pequeñas obras que den mucho empleo. Con las grandes infraestructuras, una inversión de 100 millones de euros originaría, de media, entre 50 y 200 puestos de trabajo. Pero esta misma cantidad de inversión, repartida en obras menores, podría suponer la creación de 3.000 a 4.000 nuevos empleos. Por lo tanto, las obras de infraestructuras son necesarias como base de una economía y sociedad fortalecida, y las obras menores incrementan el empleo, generan riqueza y mucho movimiento económico.
Las grandes infraestructuras son necesarias e imprescindibles, porque es una deuda histórica que tiene el Gobierno de Madrid con Canarias. ¿De quién es la culpa de que se hayan ejecutado todas las grandes obras en las demás Islas y Tenerife todavía esté pendiente hasta de la puesta en funcionamiento en algunos casos? Las grandes obras de infraestructuras previstas se deben ejecutar y tenemos que exigírselo a la Administración central y al Gobierno autónomo, para que cumplan con lo prometido.
Hay que recuperar y dar vida a las medianías en nuestra tierra. Están abandonadas no porque queramos, sino porque os han expulsado las Administraciones y los ecologistas de despacho y corbata. Es triste pasar por nuestras medianías y que veamos las paredes caídas y que ya no existan los árboles frutales que antaño sembraron nuestros padres y abuelos. A base de un ecologismo mal entendido y deficientemente aplicado y de muchas leyes medioambientales contradictorias entre sí. Si un agricultor se atreve a levantar la pared que se le cayó o si pone una plancha de zinc con cuatro horquetas para guarecerse de la lluvia y el sol, allí tenemos inmediatamente a la Administración aplicando todo el peso de ley, en un multa que no la paga ni con su terrenito ni con el resto del trabajo de su vida. Y si tiene la osadía de solicitar un permiso, entre el estudio de impacto medioambiental, los papeles que se extravían, las vacaciones y las bajas del funcionario de turno, tardará años en resolverse su expediente, y eso si tiene suerte y un día el mentado funcionario tiene a bien mirar los papeles y dar su conformidad. ¡Que nos dejen trabajar, que nos dejen vivir y que no pongan obstáculos al desarrollo de nuestra tierra!
Otro problema, de repercusiones considerables, es el retraso en la aprobación de los Planes Generales de Urbanismo de los municipios que todavía no han cumplido con los plazos que le exige la ley. Los Planes Generales nos permiten disponer de suelo para la construcción de viviendas protegidas y unas reglas claras que nos indiquen, sin dudas ni interpretaciones funcionariales, cómo, cuándo y dónde construir. Y ante esta dura realidad nos encontramos con que el Gobierno autónomo aprueba nuevos retrasos en la aprobación de dichos planes generales. Es decir, los ayuntamientos no han cumplido con su obligación, y encima el Gobierno canario los premia con unos aplazamientos que perjudican gravemente a nuestra sociedad en su conjunto.
Y qué decir de otros problemas que, como piedras en un engranaje, han contribuido a la paralización de nuestro sector: niveles impositivos desbocados; burocracia paralizante que aburre al empresario más animoso; maraña normativa, donde unas leyes contradicen a otras... En definitiva, un conjunto de despropósitos que ahora se alían con los factores externos de crisis financiera internacional y juntos asfixian a nuestro sector, en particular, y a la economía en general.
Muchas veces nos hemos sentido muy solos. Pero la dura realidad está poniendo las cosas en su sitio y ahora muchos gobernantes y colectivos sociales, críticos con nuestro sector, se dan cuenta de la importancia de la construcción como motor de la economía. Porque, aunque les pese, la construcción nos acompaña desde que nacemos, pasando por nuestra vida y hasta nuestro fallecimiento. ¡Toda una vida juntos!
Por otro lado, las posibilidades de recolocación de los trabajadores en otros sectores son escasas, por no decir nulas, dado que todas las actividades económicas, como la industria o la agricultura, tienen sus propios problemas, y sin capacidad para absorber la gran cantidad de trabajadores en paro que está generando nuestro sector. Todavía estamos esperando la famosa "recolocación" de los trabajadores que iba a hacer el Gobierno central y que el ministro vino a presentar aquí, en Canarias, a bombo y platillo.
Muchos amigos empresarios y medios de comunicación nos preguntan cada semana si ya vemos la luz al final del túnel. De momento, seguimos envueltos en la oscuridad. Y las últimas noticias no ayudan a que se ilumine el camino. La verdad es que no prevemos cambios significativos. Los meses pasan, los bancos sólo están pendientes de resolver sus propios problemas, y nuestras empresas aguantan como pueden gracias a sus reservas, eso sí, reduciendo actividad y puestos de trabajo. Por eso, recordamos a nuestros gobernantes que hay que tomar medidas que tengan efecto inmediato, porque los problemas no se resuelven solos, ni nadie del exterior nos va a sacar las castañas del fuego. Los empresarios hemos propuesto medidas que consideramos factibles. Pero necesitamos actuaciones eficaces y ganas de trabajar duro, no buenas palabras, luchas políticas ni discursos vacíos. La única solución para salir de esta crisis será con el sector de la construcción como motor que haga funcionar toda la economía. Así ha sido históricamente y lo será en el futuro, cuando haya valentía política, no solo para reconocerlo, sino para ponerlo en práctica.
* Presidente de Fepeco
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