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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

La autoridad pública (I)

1/oct/08 07:14
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ANTE el ámbito de la educación a niños y jóvenes, a la autoridad pública le competen derechos y deberes, en cuanto debe servir al bien común. Ella, sin embargo, no puede sustituir a los padres, ya que su cometido es el de ayudarles, para que puedan cumplir su deber-derecho de educar a los propios hijos de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas.

El éxito de los jefes y de los gestores del poder es el bienestar, la felicidad, la paz y la alegría de los servidos por el poder. Por eso, los líderes y militantes políticos deben recordar y vivir que el acto político por excelencia es ser coherente con una vocación moral y fiel a una conciencia ética que, más allá de los intereses personales o de grupos, mire hacia la totalidad del bien común de todos los ciudadanos. Por este camino, la acciones gubernamentales, guiadas por un verdadero interés a favor de la dignidad de la persona humana, no se convertirán en instrumentos de opresión o útiles a una clase o categoría. Así se interesarán con la máxima responsabilidad por que cada persona, especialmente las responsables en el poder, comenzando por las de más alto nivel hasta el más sencillo, tengan convicciones y principios que sirvan para promover el verdadero bien de los ciudadanos, de los pueblos, de las naciones, dentro de la comunidad nacional e internacional.

Nunca olvidemos que autoridad es un término que significa "hacer crecer", "agrandar", "enriquecer", pues las personas con autoridad ayudan a crecer, estimulan, enriquecen la vida de los demás. Esta autoridad nace de la misma persona, de su honestidad, de su actitud responsable y coherente, de su fidelidad. Ningún poder ni cargo, por importante que sea, pueden sustituirla cuando falta.

Hoy no faltan afirmaciones, con relación a España y a todo Occidente, de que éste sea uno de los problemas más graves de la actual sociedad. Contamos con personas que tienen "poder oficial", pero no es fácil encontrar hombres y mujeres con autoridad para convertirse en guías y modelos a seguir.

La gran mujer santa, Teresa de Ávila, recomendaba a una de sus religiosas, nombrada priora: "Procura ser amable en el mandar, para que seas obedecida". Y san Agustín, "el ejercicio de la autoridad no es más que un oficio de amor".

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios

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