LA CRISIS mundial golpea a todos los países, y España no es una excepción. Nos preguntamos si en circunstancias como esta Canarias no se defendería mejor siendo un país libre y soberano que dependiendo de una Metrópoli que ni entiende nuestra idiosincrasia, ni es capaz de adoptar las políticas capaces de paliar nuestra situación como isleños, simplemente porque no importamos. Como nación soberana, seríamos dueños de unos recursos que hoy salen de las islas con destino a las arcas del Estado español.
Una crisis a la que también le dan la espalda nuestros políticos. Ahí tenemos el ejemplo del Parlamento de Canarias, cuyos diputados, en el colmo de la ignominia, se han subido los sueldos mientras que muy cerca de ellos hay seres humanos que pasan hambre y pierden sus viviendas. Diputados y diputadas que se han revelado como políticos inútiles. ¿Qué han aportado para el bienestar del Archipiélago? ¿Qué ha aportado ese revoltoso socialista, salvo sus enfermizos ataques contra imaginarios xenófobos y racistas? ¿Qué ha aportado esa niña frívola, que sólo sabe decir tonterías arengada por las mentiras de otra política, canariona y fracasada?
Canarias necesita un nuevo Parlamento con gente nueva, cuya primera preocupación sean los problemas del pueblo y no salvar la propia cara. Un asunto bastante difícil a estas alturas, si no imposible, para sus señorías, pues sus acciones los han privado por completo de dignidad. Podemos decir que han arrastrado por el suelo el buen nombre de esta institución. ¿Quién cree hoy en la Cámara regional? Nadie. Sus miembros están despreciados por la ciudadanía, sobre todo debido a las estupideces de los señalados. Pobre Tenerife y pobre Canarias por padecer este Parlamento. Ya veremos qué ocurre si estos impresentables vuelven a concurrir a las elecciones, suponiendo que se celebren elecciones antes de que el Archipiélago alcance su estatus de país soberano.
El Parlamento ha querido que EL DÍA sea el chivo expiatorio de sus torpezas y temores. ¿Temores? Sí; y son dos. Ante todo, les amedrenta que la desaparición del "gran" en el nombre de Canaria se aproxima. Y se aproxima cada vez con mayor rapidez gracias a las ineptitudes de los diputados regionales. Sin el "gran", la isla tercera quedaría reducida a lo que es. Lanzarote y Fuerteventura ya casi son más que Canaria. Sí, ya sabemos que en la "capitá" está la mentirosa Casa de Colón y el barrio de Vegueta, que ciertamente tiene algún atractivo arquitectónico, aunque no puede ser un "cachito" de Patrimonio de la Humanidad porque para eso hacen falta más méritos. Desprovista del gran, Canaria se queda sólo con lo rapiñado a Tenerife, e incluso a las otras islas de su provincia. El segundo temor de los canariones y los parlamentarios -temor que también los lleva a detestarnos- es que reclamamos algo que no se puede discutir: la soberanía de esta tierra. Porque la soberanía llegará igual que desaparecerá el gran de Canaria. Otros países, muchos, más pequeños que nosotros y con menor población, todos ricos o en vías de desarrollo evidente, son libres y soberanos y tienen asiento y bandera en la ONU. ¿Por qué no Canarias? ¿Por qué Canarias tiene que seguir uncida al yugo de una nación europea?
La caída del gran y la llegada de la soberanía amenazan a Las Palmas, favorecida con las prebendas de los que nos gobiernan desde la Metrópoli. De ahí sus temores y su odio a EL DÍA, expresado a través de la prensa canariona, tanto digital como impresa.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD