COMO es sabido, al finalizar el verano también suelen terminar un montón de relaciones personales, que van desde los matrimonios más consolidados hasta parejas que quieren iniciar una vida en común, pero que el contacto diario estival les abre o les cierra los ojos (según) y deciden romper; o lo que ha resultado una novedad este año: la ruptura, con el cambio de estación, de secretario y vicesecretario de un partido político que, en teoría, marchaba ahora por un camino correcto (correcto para sus dirigentes, claro está). En esta tierra mucho se presume, en los medios, de pertenecer a esa clase de comentaristas que todo lo ven, que todo lo saben y que todo lo adivinan. La dimisión de Francisco Hernández Spínola no figuraba en la agenda de nadie y sí, no obstante, en la dignidad del principal protagonista de la noticia de comienzos de otoño por estas tierras. Las tortuosas veredas por las que ha tenido que transitar quien precisamente preparó la campaña que llevó a su amigo Juan Fernando López Aguilar a ganar las elecciones de mayo de 2007, y que han permanecido en secreto hasta hace una semana (en realidad se desconocen sus reales trazados), han conformado una serie de enfrentamientos dialécticos definidos como "crisis de confianza". Sabíamos que el Sr. Spínola era un caballero. En sus manifestaciones públicas así lo demostró. Y así entendimos nosotros lo que nunca llegamos a comprender ante la unión (ficticia) de dos personas antagónicas en sus comportamientos. Las incompatibilidades suelen salir a flote... tarde o temprano. En esta ocasión, y coincidimos con Jerónimo Saavedra, han emergido en el momento oportuno, esto es, un mes y pico antes del Congreso Regional de los socialistas canarios.
Los socialistas canarios van de popa desde hace ya demasiado tiempo por razones que hay que encontrar, solamente, en el seno de la organización más desorganizada de cuantas existen en Canarias, con torrentes de ambiciones inconfesables que han desembocado en turbulencias inescrutables y en las que se incluyen otros grupitos ridículos que buscan exclusivamente provocar desórdenes y exiguas manifestaciones. Nada ha cambiado desde que la locomotora socialista se empeñó en que ganó las elecciones... pero no pudo gobernar, a pesar del inmenso y continuo pataleo desplegado desde entonces. Desde entonces, aquí hemos sostenido la teoría de que el prestigio de Saavedra fue la causa del triunfo de Aguilar (un pésimo ministro de Justicia -ahí quedaron sus hechos-), quien, sin esperarlo, con sus 26 diputados ni siquiera ha sabido acercarse a la gente, sino, la ausencia de exabruptos en sus planteamientos, su demostrado amor a esta tierra canaria, su brillante currículum (se llevó a Aguilar a Madrid para que aprendiese a hacer política centralista) y su respeto al adversario político. Al adversario político llamado Paulino Rivero, siendo ya presidente de todos los canarios, es decir, incluso del propio López Aguilar, le dedicó, con su habitual verborrea, el siguiente cariñoso mensaje: "Los canarios no somos un pueblo bananero del siglo XIX al que algún pequeño mequetrefe demagogo de cuarta categoría pueda engañar indefinidamente". Con igual sentimiento, sobre el presidente del Parlamento de Canarias manifestó que "se mostró con él histérico y vociferante". Si este señor, que falta el respeto a los máximos representantes de todos los canarios, se expresa de esta manera, queda meridianamente claro que, por suerte, nos hemos librado de un dudoso representante democrático. Es más, gracias al tirón que le proporcionó Saavedra, tenemos que soportar, además, a figuras como Patricia Hernández, una senadora que demostró en una entrevista conjunta con Antonio Alarcó su capacidad intelectual; a un Santiago Pérez, digno sucesor de reminiscencias estalinistas del traumatizado e ilustre canarión; a un José Manuel Corrales que vive aún apegado a la citada dictadura (converso de Izquierda Unida) y a otros artistas absolutamente sectarios que contribuyen diariamente a la situación penosa del partido.
Aunque Spínola lo ha desmentido (ya sabemos lo que es la política), apostamos por una nueva candidatura presidida por él y apoyada por Saavedra. No en balde, el alcalde socialista manifestó que la famosa e inesperada dimisión llegaba en el momento oportuno. Y esto encierra una maniobra muy difícil de comprender. Cuando redactamos estas líneas nos llegan noticias que hablan de un inmediato protagonismo de "miembras" del partido. Esperemos. Lo que sí tenemos claro es que, sea lo que se salga de ese congreso de primeros de noviembre..., va a quedar cerrado en falso. Nadie podrá proclamar su complacencia.
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