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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Qué casualidad, qué casualidad

1/oct/08 07:14
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HACE MUCHO tiempo, más del que muchos de ustedes se imaginan, cuando en calidad de aprendiz de este oficio me tocaba cubrir cuantas manifestaciones se celebraban en Santa Cruz y alrededores -y se celebraban muchas, porque entonces la gente salía a la calle con harta facilidad-, tenía especial predilección por las que convocaban las feministas. No porque ese día desfilasen señoras de buen ver -una manifestación feminista, ustedes se harán cargo, no es precisamente una gala de Miss España-, sino porque gritaban consignas divertidas. "Qué casualidad, qué casualidad, que los que nunca paren, prohíban abortar", era uno de sus estribillos preferidos. Por aquella época, de eso también se harán cargo ustedes, la política estaba más bien en manos de los hombres, y eran éstos quienes imponían serias restricciones a lo que el progresismo femenino calificaba, sin duda eufemísticamente, como interrupción voluntaria del embarazo.

No es, empero, mi intención hablar hoy de abortos sino de Santiago Pérez. Porque, y al igual que cantaban aquellas féminas desgreñadas, qué casualidad, qué rarísima casualidad, que el Lenin de la política tinerfeña no se hubiese pronunciado todavía contra la línea editorial de EL DÍA, periódico para el que pide las más severas sanciones. De hecho, ve "sustancia penal" para una condena jurídica contra esta Casa, a cuyo editor acusa de fomentar el racismo y dividir a los canarios. ¿A quién le he oído lo mismo en los últimos meses? ¿Acaso al Terminator? Ah, claro; no había caído que el señor Pérez ejerce de su lugarteniente por estos pagos. Entre los dos, y con la ayuda de alguno más, están dejando el PSOE como un solar. Lo cual, la verdad sea dicha, no me quita el sueño. Si anteayer el Ayuntamiento de Santa Úrsula se pronunciaba al respecto, nada tiene de particular que ayer le haya tocado el turno a Pérez, político patético y fracasado, denostado por cualquier socialista canario que tenga dos dedos de frente. Bueno, sí hay algo de particular en su irrupción en este asunto: lo extraño es que haya esperado tanto.

Entre las pintorescas acusaciones que añade Lenin Pérez contra EL DÍA, está la de enaltecer la figura del dictador Francisco Franco. Y eso dicho por un señor que cantaba el "Cara al Sol" en la escuela, asegura él que obligado. Yo no lo canté nunca en la escuela, ni siquiera obligado. Obligado no recé ni un Avemaría. Si tanto le hervía la democracia en la sangre a este político contumaz, podía Pérez haberse significado como contrario al régimen desde su más tierna infancia. Otros lo hicieron. Pero Pérez no iba para mártir sino para acusador. Cuando perdió la oportunidad de ser alcalde para La Laguna -con suerte para La Laguna, si bien lo de Ana Oramas es manifiestamente mejorable-, extravió también el tino político y se dedicó, durante cuatro años, a visitar los juzgados con denuncias de lo más variopintas. Ahora la ha cogido con la xenofobia y el racismo.

Aunque alguien lo ha repetido hasta la saciedad durante los últimos días, no sobra recordar que el racismo y la xenofobia son delitos. Por lo tanto, quien tenga constancia de ellos, está obligado a denunciarlos. Aunque a Pérez no le gusta perder el tiempo -ni su imagen- con estas menudencias. Él prefiere redactar las minutas, y que denuncien otros.

rpeyt@yahoo.es

 

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