LA TESTARUDEZ del Gobierno de Canarias la comprendería si se tratara del Ejecutivo autónomo de Zaragoza, porque dicen de los maños aquello de "me murro" y no se bajan del pollino aunque llegue un tsunami. Cree un servidor que para tener uniforme lo primero que hay que contar es con un policía o un soldado para ponérselo. Lo otro es una diversión carnavalera. Se necesita tener un seso duro para inventar un vestuario para una Policía que no existe y que el Gobierno de la nación y todas las instituciones competentes en el asunto le den luz verde. Pues en ese propósito están empeñados los señores consejeros del Gobierno del Archipiélago cuando el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero no quiere ni oír hablar del tal cuerpo de seguridad. Su cabezonería es sólo comparable con el referéndum del pueblo vasco en el que está de torrontudo, que dicen en mi pueblo, el lehendakari Ibarretche.
El señor consejero de Presidencia, Justicia y Seguridad, don José Miguel Ruano, que yo me creía que tenía más materia gris en los sesos, presentó públicamente la tal vestimenta, que parece más bien la de los mecánicos de los talleres para reparación de automóviles, con un gorrito americano de los que se colocan los pibes para ir a la playa de Las Teresitas. Si el Ejecutivo de la nación no consiente en admitir el cambio del Estatuto de Autonomía, revisión que aplaza para dentro de dos o tres años, va a autorizar la existencia de una Policía Autonóma que cuesta un montón de millones y que no sirve para nada porque hay policías hasta debajo de una piedra.
Si hubieran escuchado la oferta del ministro de Interior, todavía quedaría una remota esperanza, pero como el Gobierno de don Paulino Rivero la ha tomado a coña y hasta ha hecho chistes con ella, no queda ni siquiera eso.
El tal uniforme, que ha sido aprobado por el Gobierno la pasada semana, lo vestirán los 300 agentes, que se supone van a componer, en principio, el cuerpo policial. Tal un arco iris tendrá colores inspirados en el "origen volcánico de las Islas": rojo y tonos negros, amarillos, grises y blancos. Añade el presentador de este espectacular disfraz: "La cosa partió de una idea que engloba toda la esencia del Archipiélago". Y a uno le dan ganas de decir aquello de: "Agárrame ese cangrejo que por agua a la mar". O sea, cada loco con su tema. Nos quedaremos con las ganas de ver a los "guanchanchos" con el clásico tamarco y la asta correspondiente, con la que saltaban el cauce de los barrancos y hacían la competencia a las cabras.
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