LA VERDAD, Pepe Ignacio, hay días y semanas que parece que estuviéramos en aquella España alpargatera y garrula del pasado siglo, en la que media España estaba contra la otra media. Aquellos años de los Gobiernos de la Segunda República, en los que la incapacidad de los políticos de todo signo, pero especialmente los del Frente Popular, alentaban el cainismo, la segregación de los territorios, el aniquilamiento de los adversarios por sus ideas o creencias y la pérdida de cualquier tipo de consenso mínimo que diera cohesión interna a los cimientos de una nación que se deshacía en luchas tribales, alentadas por los políticos socialistas desde el propio Parlamento.
Los socialdemócratas de hoy creen que la dominación o el uso torticero de los medios para propagar sus mentiras los ayuda a mantenerse en el poder. Pero los hechos son tozudos y la realidad acabará por pasarles factura. Eso es lo que le está ocurriendo al Gobierno de ZP con sus desafortunadas mentiras sobre la crisis que agobia a los españoles de a pie. La balbuceante explicación del vicepresidente económico, Sr. Solbes, manifestando el miércoles pasado que ellos nunca habían negado la crisis, fue el preludio de las embarulladas manifestaciones del jefe del Ejecutivo durante su estancia en Nueva York, cuando afirmó ante los mayores inversores norteamericanos en España que "quizá" (no olviden este condicional, por los hechos que vendrán en las próximas semanas) nuestro "sistema financiero es el más sólido de la comunidad internacional, comparable a los de las economías más desarrolladas". Menudo ridículo.
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No es que Zapatero fuera a decirles a quienes dan trabajo a más de 33.000 españoles e invierten más de 70.000 millones de euros en nuestro país que estamos en "la peor de nuestras crisis", como sí admitió en el Congreso el Sr. Solbes. Pero hace falta mucha desfachatez porque, mientras eso se reconocía por su vicepresidente económico, ZP alardeaba en un foro de personas que disponen de mucha mejor información que él sobre la solidez de nuestra economía. Y ni mucho menos el ambiente está para gastar bromas con sus homólogos de los países europeos que nos son más próximos, Francia e Italia, para después justificarse con que se había expresado con el sentido del humor que se gasta entre "los colegas".
Ese lenguaje del esperpento nacional que llevó Zapatero al país donde aquellos dirigentes le han dado la espalda a lo largo de sus cinco años de Gobierno, no sólo se constató en sus distintas manifestaciones y las de su ministro de Economía a lo largo de la semana, sino que llegó a lo patético en las ininteligibles y desordenadas explicaciones que la todavía ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, dio en la comisión parlamentaria de su competencia (ver vídeo en Youtube.com) y en el pleno sobre el desgraciado accidente de Barajas. Si Zapatero tuviera un mínimo de solvencia, se habría librado hace tiempo de semejante "miembra" de su Gabinete, al que le resta respetabilidad con sus atropellados informes parlamentarios y su ineficaz gestión. Pero ZP está preso de sus hipotecas de riesgo con los sectores regionales de su partido. Y no le importa arruinar a la Nación con tal de mantenerse en el poder sobre lo que quede de España.
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Pero como la crisis va para largo, Pepe Ignacio, y tendrá repercusiones importantes sobre el devenir económico y social de nuestras islas, no queremos que se nos tache de eludir pronunciarnos sobre uno de los temas que ha ocupado esta semana a nuestros políticos insulares. Nos referimos a la declaración del Parlamento de Canarias contra este diario y su director-propietario, a quien espero, que desde donde estés, Pepe Ignacio, le eches una mano, como le ayudaste hace años cuando eras periodista en esta Casa.
Ahora bien, dicho esto, tampoco compartimos que un Parlamento democrático deba pronunciarse sobre lo que opina un periódico o su director y propietario. ¿Acaso no hay otras cuestiones más urgentes e importantes para Canarias? Lo normal, en un sistema democrático, es que cuando una persona, o un medio de comunicación infringen la legalidad, se le denuncie ante los tribunales, y que ellos decidan. Pero involucrar a todo un Parlamento en meras cuestiones opinables me parece un exceso.
Me pregunto, Pepe Ignacio, qué vendrá después. ¿Que el Parlamento pida al Gobierno de Canarias que cierre el periódico? Es digno de reflexión. Eso sí que sería volver al franquismo puro. Carrero voló el diario "Madrid". ¿Queremos retroceder a aquello? ¿Regresar al ambiente de la Segunda República y eliminar al adversario cuando opina distinto al poder de turno?... En los más de 30 años de democracia sólo se ha cerrado, que recuerde, una publicación,"Egunkaria", por su adscripción a ETA, único diario vasco editado en euskera (1990-2003). Y el mismo Gobierno que lo cerró tuvo que aguantar que días después saliera "Gara" , que ahí sigue, ellos sí, defendiendo el terror que desde hace más de cuarenta años ensangrienta nuestras calles.
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A un periódico lo sostienen sus lectores y sus anunciantes. Y creo que éste, a pesar de que discrepamos de las ideas que sobre el pleito insular y el futuro soberanista del Archipiélago defiende su director y propietario, tiene detrás una difusión que es la que da soporte principal a su economía, lo que no le impide recoger en sus páginas las opiniones de quienes discrepamos de su línea editorial. Aplaudir que el Parlamento en pleno apruebe por unanimidad una moción para tratar de silenciarlo nos parece un exceso y un peligroso precedente que puede hacer más daño a la convivencia entre canarios que las opiniones del director de esta publicación.
Si alguien tiene que actuar contra los excesos de opinión que infrinjan alguna norma legal, son los jueces. Únicos capacitados para dirimir sobre la ilegalidad de las opiniones. No el Parlamento, que está para legislar y controlar al Gobierno y no para perder su costoso tiempo en recortar la libertad de expresión en cuestiones tan contingentes y subjetivas.
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