1.- El Parlamento de Canarias atentó ayer gravemente contra la libertad de expresión. Es la propia libertad de expresión lo que me permite decir lo que voy a decir. ¿Condenó el Parlamento en la misma sesión el asesinato del brigada del Ejército Español, a manos de ETA? El suceso lo despacharon el lunes con un minuto de silencio y tres o cuatro señorías (¿señorías?) cabizbajas en la puerta del inmueble. Es el mismo Parlamento que expropió su propio edificio a una viuda que murió sin ver el lamentable proceso ganado. Es el mismo Parlamento que ignoró más de 50.000 firmas de una iniciativa popular. Como ven, a mí este Parlamento me merece muy poco respeto. Pero menos respeto me merecen sus señorías (¿señorías?) del PP y de CC que siguieron el juego al PSOE, empeñado en citar a EL DÍA en la nota de condena. Es decir, han bailado al son de quienes pretenden apoderarse del periódico desde la isla de enfrente. ¿Para qué? Para aniquilar a Tenerife. ¿Soy xenófobo por decir esto? Pues vengan sus señorías (¿señorías?) a colocarme las esposas.
2.- EL DÍA significa mucho para esta isla y para esta provincia para que desde una institución pública se le intente aniquilar. Un siglo de historia nos contempla. Sus señorías (¿señorías?) no saben historia; no tienen ni puta idea de quiénes forjaron la trayectoria de este periódico, con el que se podrá discrepar, pero jamás se debió condenar desde el lugar donde se fabrican las leyes. Pobres legos que ocupan esos escaños, ganados a base de la abstención del pueblo al que dicen representar. Pobres parlamentarios cuya primera medida al sentarse allí fue subirse el sueldo, mientras la gente de la calle sufre, incluso, el hambre. ¿Con qué moral nos condenan, porque yo también me siento condenado? ¿Con la moral del culpable?
3.- Fíjense hoy en el coro infecto de la isla de enfrente. Aplaudirán los fétidos en sus páginas la medida, como si esto fuera el final de una guerra -la de la división- que ellos se han encargado de declarar y atizar a lo largo de los tiempos. Lo que ha hecho EL DÍA es defender los intereses de esta tierra. Quien no esté de acuerdo, que lo diga abiertamente. Pero que tenga que ser el Parlamento de Canarias, de una manera vergonzante, el que emita una condena explícita a un medio privado, presumiendo sus señorías (¿señorías?) de demócratas es una falacia. Tienen los culos demasiado pegados a los escaños y cobran tanto dinero que se les ha nublado la mente. Pobrecita Canarias.
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