COLPISA, Segovia
El patio de órdenes de la Academia de Artillería de Segovia acogió ayer el funeral castrense en memoria del brigada del Ejército Luis Conde de la Cruz, la última víctima de ETA. Fue un acto religioso sobrio y solemne con el que la ciudad castellana, considerada como la cuna de la Artillería española, despidió emocionada al militar. Su viuda y su único hijo, Iván, vivieron la ceremonia con mucha entereza, acompañados por centenares de vecinos y compañeros del soldado.
La misa de cuerpo presente comenzó a las 10:30 horas y congregó a varios cientos de personas entre familiares y amigos de la víctima, delegaciones castrenses de los tres Ejércitos y la Guardia Civil, trabajadores de la academia donde Luis Conde trabajó más de dos décadas y autoridades.
El presidente del Gobierno, los ministros de Interior y Defensa, el presidente del Congreso, el presidente de Castilla y León, los líderes de PP e IU, el consejero vasco de Interior, Javier Balza, y los jefes de Estado Mayor de la Defensa y de los ejércitos de Tierra y Aire asistieron al acto, que por deseo expreso de la familia se celebró a puerta cerrada.
El funeral lo ofició el obispo de la diócesis de Segovia, Ángel Rubio Castro, quien afirmó que Segovia "se siente estremecida por esta muerte de un ciudadano conocido y estimado por todos".
"Segovia y España entera lloramos la pérdida de un ciudadano segoviano, militar de profesión, entregado vocacionalmente al servicio de la patria", subrayó el prelado, que en su homilía hizo una condena tajante del terrorismo porque "no produce sólo daños materiales y desgracias personales, sino que genera también en la sociedad un gravísimo deterioro moral".
Lágrimas y abrazos
El féretro, que pasó toda la noche en la capilla de la academia custodiado por cuatro sargentos alumnos de la escuela básica de Suboficiales compañeros del hijo de Luis Conde, estaba cubierto por una bandera española y la gorra del fallecido. Después de la misa, dos soldados depositaron una corona al pie del ataúd, y los militares presentes entonaron el himno "La muerte no es el final", con el que dicen adiós a sus compañeros caídos, y el himno de Artillería. La viuda y el hijo de la víctima, que vestía su uniforme de cadete, asistieron al homenaje cogidos de la mano y se abrazaron entre lágrimas.
El presidente del Gobierno se acercó al féretro y depositó sobre él la Cruz del Mérito Militar con distintivo amarillo, que reciben los militares y guardias civiles muertos en actos de servicio. Después, un soldado dobló la bandera que cubría el féretro, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Fulgencio Coll, se la entregó a la viuda junto con la gorra de su marido y la medalla. Ocho brigadas compañeros de Luis Conde llevaron los restos del militar a hombros hasta el exterior, donde esperaba un coche fúnebre que los llevó a Valladolid para ser incinerados.
Los restos fueron recibidos en la calle con un largo aplauso, que los vecinos de Segovia extendieron a la viuda y al hijo de la víctima. La mujer, vestida con un traje claro y cogida del brazo de su hijo, llevaba en su mano derecha una rosa roja.
Ordenan a Interpol hallar a De Juana en Dublín
El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ordenó ayer a Interpol que localice al ex preso de ETA José Ignacio de Juana Chaos en Dublín, la capital de Irlanda, a donde viajó tras salir de la cárcel. El juez pretende citarle a declarar sobre la carta leída en su nombre en el homenaje que un grupo de radicales le dedicaron en San Sebastián el día que fue excarcelado. Velasco dictó esta orden en una providencia que incluye la dirección "15 Abbeyfield, Killester" que facilitó el etarra a las autoridades españolas. El juez investiga si la lectura de la carta atribuida a De Juana constituyó un delito de enaltecimiento del terrorismo imputable a su supuesto autor, que el Código Penal castiga con hasta dos años de cárcel.
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