Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

Mi sustituto (IV)

24/sep/08 07:44
Compartir
Edición impresa .

NOS SITUAMOS en 1979, cuando ya el profesor de Derecho Político D. Gabriel del Estal, en el periódico "Ya" (17-IX-1979) escribió un artículo con este título: "Estado e Iglesia: hacia una política inteligente". Este es el texto:

"En estos momentos el Estado español no es confesional. Tampoco laico. Su política respecto a la Iglesia no pasa de ser estrictamente "cooperante", de acuerdo con lo dispuesto en artículo 16, párrafo 3, de la Constitución. El embajador Puente Ojea debería releer con atención más documentada este texto, para no decir las frivolidades que pronunció hace poco en TV y en El Escorial. Enseñar a ser hombres, a acrecentar el bien común, a reducir la delincuencia y a comportarse con trato de ciudadanía solidaria: éste es el silabario de una política inteligente, Estado, Iglesia y sociedad no tienen entre sí otro tan alto catecismo.

La Iglesia viene entendiéndolo y practicándolo así a lo largo de los tiempos en su paso testimonial por la historia. Su vida, como constante social más común, es una historia de entrega y servicio: a las normas de conducta, a los principios morales, a los hombres de carne y hueso. Para enseñar al que no sabe creó escuelas, desde la caída de Roma y tras el derrumbamiento de su cultura no sólo alfabetizó a los bárbaros. Sentó también entonces el firme espiritual de Europa. Para dignificar los saberes, en los siglos XII, XIII y XIV, fundó universidades. Para curar a los enfermos, erigió hospitales en los reinos nacientes, ya desde la Edad Media. Para proteger contra las esquilmaciones usuarias a los abandonados de la fortuna, a los hundidos en crisis económicas y a todos los pobres instituyó montes de piedad, desde los umbrales de la Edad Moderna. Todo ello, años o siglos antes de que la sociedad civil, la pública administración del Estado, se constituyeran como tales.

(...) Otra de las realidades históricas es "que muchos responsables de gobierno y otros rectores importantes de economía social, así como numerosísimos padres de familias humildes o menos pudientes, de ideologías laicas o poco eclesiales, envían a sus hijos a estudiar en centros de la Iglesia; pero no sólo porque en ellos se enseñe más y mejor, sino también, y principalmente, porque allí aprenden a ser hombres; a categorizar pautas de conducta y a obrar según criterios de conciencia. Antes que incrementar los presupuestos de la nación, aumentando el número de policías o jueces o de cárceles, es mucho más sabio gastar el dinero público en medidas para que no existan delincuentes. Eso se consigue haciendo nacer en la sociedad y formando en los ciudadanos conciencias antidelictivas.

Esto, precisamente, es lo que hace la Iglesia católica: en sus colegios, catequesis y en toda su proyección social y apostólica, con el bien común por objetivo. Castigar los delitos es fácil. Lo difícil es impedir que se produzcan sin lesión a la libertad ni a ningún derecho del hombre. Un gobernante es inteligente cuando otorga primacía no a lo primero, sino a lo segundo. La fórmula de la asignación tributaria libre destinada ahora entre nosotros por el contribuyente a fines eclesiales o benéficos, en un pequeño porcentaje de su cuota impositiva, responde a ese modo sabio de gobernar. El Estado español ha comenzado a entenderlo así. Hubiera sido más perfecto la desgravación fiscal para todos los donativos, hechos con tales fines por el ciudadano, hasta un límite de cotas máximas, con registro de alcance exento en su declaración de la renta. Es lo que ocurre en Estados Unidos, en los Países Bajos, en Alemania Occidental y otros muchos pueblos cultos.

Destinar una pequeña cuantía del erario público a las instituciones comprometidas de oficio en la práctica del bien, a sabiendas de que con ello se logra que disminuya en un índice más alto la comisión del mal, es una de las cosas que transforman al gobernante en un despierto y juicioso estadista, de ojo fiscal avizor, pero bien enterado y nunca cicatero. La cicatería, en este punto, pertenece al mundo trasnochado de una política miope. No digamos nada si en vez de cicatería se produjera algún tipo de torpe e injusta discriminación.

Los Estados más conscientes están dando ese giro de inteligencia en su ordenamiento económico-político. El dinero gastado por Hacienda en la formación integral del hombre, mediante una subvención decorosa y justa a todos los centros dedicados institucionalmente a ese noble fin, sin discriminar entre lo público y lo privado, en los múltiples espacios educativos de la persona y de la cultura, así intelectual como física y ética, revierte al ciento por uno a la sociedad, bajo la forma participada del bien común. Estado e Iglesia se ennoblecen cuando se hallan por igual comprometidos en su logro".

Después de 29 años de convivencia democrática y comienzo de un nuevo milenio, estas dos instituciones, Estado e Iglesia en España, ¿aumentan las preocupaciones mutuas en sus propias realidades y fines que aquí se apuntan o se están deteriorando?

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: