PONGO las comillas en el título de este comentario porque, sinceramente, no me lo creo en este magistrado, que ha mostrado ante la ETA y en otros asuntos tener lo que se debe tener en estos casos. Garzón es tan vulnerable para ETA y para cualquier terrorista como lo han sido personalidades del mayor relieve a las que han asesinado vilmente. He escuchado en un debate emitido por TVE sobre el tema diversas opiniones, pero en casi todas he notado un tufillo de odio encubierto o de envidia visible. La conclusión es que el señor Garzón lo que ha pretendido con este supuesto plan es pasar, como tras tantas veces, al primer plano de la actualidad. De otro magistrado más o menos farolillo lo hubiera creído. En un juez tan listo y tan veterano que va a enfrentarse a una tarea poco menos que imposible, no lo creo. Aunque su propuesta, si realidad, ha complacido al presidente del Gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero, aunque sepa que será poco menos que imposible llevar el plan a cabo, pero suena bien sólo el intento de desenterrar más males del régimen franquista y la Guerra Civil.
El que llaman "Plan Garzón", que repito, dudo mucho que Garzón hablara en serio, si es que lo concibió y lo expuso, consiste en desenterrar de los numerosos cementerios de la Guerra Civil y no sé si de los frentes de combate; averiguar la identidad de los restos humanos, e investigar quienes fueron los que los mataron, para detenerlos, si están aún vivos, y someterlos a juicio, de lo que se encargaría el mismo Baltasar Garzón. Supóngase lo complejo de llevar adelante este plan. Primero, localizar los enterramientos, después reconocer los restos hallados uno por uno. Luego, averiguar posibles relaciones de los muertos con quienes los podían haber asesinado y, por último, buscar y detener a los supuestos asesinos para instruir los procesos. ¿Y cuándo son fusilados masivamente por orden de alguien? ¿Cómo se investiga el tejemaneje?
No se cuenta con los enterramientos de sacerdotes, religiosas y enemigos políticos y sindicales. Ahí está la enorme matanza de religiosos en Paracuellos del Jarama, por iniciativa de Santiago Carrillo. Fuera del combate en el frente y, en general, en la guerra propiamente dicha, la ley señala que es un asesino el que mata a otra persona y tiene que cumplir una pena el que mata a un ser humano. Es indudable que si ya la Ley de la Memoria Histórica, por la forma en que se aplica, constituye un recrudecimiento de las viejas heridas con este plan, el recrudecimiento aumenta, y se violan los principios de la Transición, cuando todos los odios y las diferencias deberían haber quedado borrados.
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