CUANDO Antonio Pintor construyó, en 1915, por encargo de otro Antonio, Leal, lagunero de pro, hijo de emigrantes a Cuba, un edificio de estilo ecléctico en el corazón histórico de La Laguna, no podía prever que, un siglo más tarde, la ciudad vibraría con la recuperación del que ha sido uno de los espacios culturales más señeros del siglo XX.
El jueves pasado fue un día histórico para la que es, por derecho, la Capital Cultural de Canarias y para sus habitantes, que con su espíritu avanzado y cosmopolita han alumbrado los siglos que nos precedieron. Los laguneros, felices, orgullosos, rememoramos todos el placer de sentarnos en sus butacas, de admirar sus frescos, recuperados para el pueblo, de acariciar sus forjados y de contemplar un escenario que vibró con un excelente programa de la Orquesta Sinfónica, dirigida por Lu Jïa y con la participación estelar de dos grandes de la música tinerfeña: María Orán y el lagunero Guillermo González.
Han hecho falta años de lucha para que no se perdiera la joya de la corona de la cultura insular; para que, por encima de las instituciones y de las personas primara el interés, la ilusión inmensa del pueblo lagunero en cuya memoria están grabadas, de manera indeleble, las veladas de música, de arte, de cine, de magia, de cultura que, durante muchos años, insuflaron vida a la ciudad más singular del Archipiélago.
Lo vivido, lo revivido el jueves pasado con la voz de María Orán elevándose majestuosa sobre el escenario, con los acordes de Guillermo González recorriendo, traviesos, el patio de butacas; con la magistral ejecución de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, ha entrado ya de lleno en la historia contemporánea de la única ciudad Patrimonio de la Humanidad de Canarias y también en la historia de las Islas.
Representantes del mundo de la cultura, la comunicación, las instituciones más relevantes del Archipiélago nos honraron con su presencia. Laguneros de dentro y fuera de las Islas -que los hay muchos y muy insignes- quisieron estar presentes en esta apertura que devuelve a la ciudad lo que la ciudad nos ha dado, porque La Laguna es generosa y sabe premiar a quienes, con mimo, han sido durante siglos los guardianes celosos de su legado.
Aquellos que han sido alcaldes de la Muy Noble, Leal, Fiel y de Ilustre Historia Ciudad de San Cristóbal de La Laguna, protagonistas también de la reapertura del Leal, saben de lo que hablo, conocen mi absoluta satisfacción. Saben, como yo sé, porque así me lo han hecho saber siempre nuestros convecinos, ciudadanos cuidadosos de lo suyo y sabios en el decir, que el mayor deseo de los laguneros, una vez han recuperado el entorno histórico que dormitaba al paso de los siglos, era poder entrar de nuevo al Teatro Leal.
Y hoy me siento profundamente orgullosa de ser lagunera y de haber podido, gracias al diálogo institucional, a la voluntad -querer es poder- y al trabajo de un equipo de gente valiosa y esforzada, hacer cumplir ese sueño que mi ciudad ha acariciado durante casi dos décadas.
El Teatro Leal, por deseo del pueblo de La Laguna, abrió sus puertas el pasado jueves y va a contar con la presencia de los Príncipes de Asturias para su inauguración. Un guiño a la Historia, puesto que en aquel 1915 también fue abierto en septiembre e inaugurado en octubre.
Ésta es sólo la primera piedra de muchas otras que nos hemos comprometido a poner para que el nombre de la primera ciudad de Paz de Occidente, de la ciudad madre, la ciudad anfitriona, la ciudad de los poetas y los músicos, la ciudad de los próceres canarios, siga maravillando al mundo con su singularidad y la difusión de sus valores universales.
* Alcaldesa de San Cristóbal de La Laguna
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