EN ESTOS DÍAS, la prensa, al menos la peninsular, nos recuerda que hace 30 años fallecía un 8 de septiembre el mayor portero de fútbol de todos los tiempos, el famosísimo Ricardo Zamora, que hasta llegó a crear y bautizar como "zamorana" el despeje de los balones que llegan a la portería con tal fuerza que es imposible su blocaje, situación que ahora se solventa a base de puños y entonces él lo hacía mediante el uso del brazo correspondiente puesto "en jarras", o sea, con la mano en la cintura. Zamora ha sido toda una leyenda del fútbol nacional, como lo fue Ángel Arocha, tinerfeño, segundo internacional de las islas después del canario Padrón. Y aquel jugador catalán lo fue todo en el fútbol (jugador, entrenador, seleccionador, crítico), empezando por el Español y el Barcelona para pasar luego en plena gloria al Madrid, donde formó parte de aquella famosísima tripleta defensiva, cuando sólo había dos defensas y no tres o cuatro como ahora ni se había inventado la WM ni el "catenaccio" italiano, defensa que formaban Zamora, Ciriaco y Quincoces, tripleta internacional de forma casi permanente en aquellos años anteriores a nuestra guerra civil y como lo fuera, posteriormente, también en cuanto a celebridad y para los canarios, aquella otra del Atlético Aviación (que entrenó precisamente Zamora) integrada por Tabares, Mesa y Aparicio, con el canario Mesa en la derecha y en la izquierda un Aparicio que hasta iba a misa los domingos con misal y todo. ¡Como ahora, usted! Y también Arencibia, Campos, Machín, etc.
En aquellas calendas, los porteros llevaban gorra con visera para protegerse del sol, jersey bien grueso y de lana (no se habían inventado todavía las fibras sintéticas), unos gruesos guantes que imagino harían difícil hacer presa en el balón, y con abultadas rodilleras, ya que siendo la mayoría de los campos de tierra, el portero cada vez que se lanzaba por el balón a ras del suelo terminaba con las rodillas despellejadas y hasta sangrantes; había que proteger la integridad del que se llamaba "cancerbero", aunque careciese de las tres cabezas de aquel otro que guardaba y guarda las puertas del infierno. Por entonces, estábamos aún muy britanizados y los defensas eran "backs", al medio centro se le llamaba "center-half", a los delanteros "forwards" y, para despistar, a los extremos se les decía "puntas" (como aquel famoso punta izquierdo Pelegrino, del Fomento y luego del Tenerife); y al fuera de juego se le llamaba "orsai" y al saque de esquina "cona", versiones chicharreras de la dicción inglesa. Y con aquella vestimenta de portero tuve ocasión de ver a Zamora al menos una vez, que es la que recuerdo, en el Stadium santacrucero, allá por el año 32, en el primer año de la República del 14 de abril que, en lo que al fútbol canario se refiere, tuvo para nosotros el aliciente de crear al fin una Federación Tinerfeña de Fútbol, ya que hasta entonces había una sola federación canaria, con residencia en Las Palmas, con el trauma que entonces como ahora suponía toda dependencia, siempre supuestamente injusta, de la isla hermana, y viceversa, supongo.
El Madrid había perdido desde un año antes lo de "Real", como lo habían hecho todos los equipos e instituciones, fueran deportivas o no, desde aquel 14 de abril, y era simplemente el Madrid C. de F. (que luego "La Codorniz" interpretó como "Madrileñín Club de Forasteros"), como la Real Sociedad de San Sebastián se disfrazó de "Donostia", con lo mal que suena eso de "ostia" por muy "don" que le antepongan. Y venía la visita veraniega del equipo peninsular, como tantos otros durante mucho tiempo, en un delicado y triste momento para el Tenerife, que acababa de ser eliminado de la Copa de España, antes Copa del Rey, luego del Generalísimo y de nuevo vuelta a empezar. En aquellos años, la única participación canaria en competiciones a escala nacional era la de la Copa, para lo que se había llegado a un acuerdo en el sentido que un año la jugase el campeón de nuestra provincia y al otro el de la provincia de enfrente. Y aquel año le tocaba al Tenerife, que debía eliminarse con el Betis, que estaba por entonces en 2ª División; como había que jugar dos partidos, uno en la casa de cada contrincante y dado que los equipos peninsulares no estaban para florituras económicas de tan alto precio y tiempo como era un viaje a Canarias en barco, ambos partidos se celebraban en la Península, aunque uno de ellos en un campo neutral que elegía el equipo canario. En ese año 32, el Tenerife eligió jugar primero en Valencia el 10 de abril y luego el de vuelta el 17 en Sevilla; se había empatado a uno en el primero y se había perdido por un rotundo 4-1 en el de vuelta, si bien las crónicas locales insistían en las nefastas actuaciones de los árbitros, siempre en contra nuestra. Sí que me acuerdo bien de la derrota de Sevilla, partido que fue retransmitido por radio gracias a EAJ 43, Radio Club Tenerife, que yo oí en casa de mi tío Guillermo, si bien, como su casa estaba en Ruiz de Padrón 7, cerquita del Círculo de Amistad, que lo retransmitía mediante altavoces para sus socios, en realidad lo oímos por partida doble. Con gran tristeza por parte de todos hasta que al final Torres consiguió "salvar el honor" para el Tenerife.
Así que la venida del Madrid era muy deseada para levantar los ánimos de la afición, habida cuenta de que aquel Madrid, campeón de Copa aquel año, estaba plagado de internacionales, y el equipo base lo formaban Zamora, con Ciriaco y Quincoces en la defensa; en la media, Leoncio, Solé y Gurruchaga, y en la delantera Lezcano, Luis Regueiro (su hermano Pedro era medio derecha), Rubio, el canario Hilario y Olaso. Mientras que el Tenerife de lujo lo formaban Cayol; Llombet, Morera; Arencibia, Esquivel y Arsenio Ariocha (hermano de Ángel); Felipe, Rancel, Chicote, Semán y Luzbel. Aunque a mí, el equipo que más me suena de siempre y no por ese partido, sino en general, difería de éste solamente en que la media se formaba así: Arencibia, Cárdenas y Esquivel, diferencia mínima. De lo que sí me acuerdo con claridad es del gol que Luzbel le metió a Zamora, que yo vi desde un palco al que me solía llevar mi padre y que creo era de don Sixto M. Machado (que había sido fundador y presidente del club), y desde él pude ver cómo Luzbel recibía un pase y se dirigía como una flecha hacia la puerta (que era la de arriba), chutaba y la pelota entraba lamiendo el poste de la derecha del portero, mientras Zamora trataba de protestar aludiendo a no sé qué falta que el árbitro no atendió, mientras la gente invadía el campo y abrazaba a Luzbel y a todos los jugadores.
Luego, he vuelto a recordar por la magnífica "Historia del Fútbol en Tenerife" de Juan Arencibia que aquel gol era el decisivo para la victoria por 2 a 1 del Tenerife, y que en realidad era el tercer partido en ¡una semana!, ya que el primero del domingo 10 de julio había terminado sin goles, en el segundo que se celebró el sábado 16 venció el Tenerife por 1 a 0, con gol del fenómeno Semán (que además era vegetariano), mientras que el tercero, celebrado el domingo 17 (¡dos partidos en días consecutivos!) fue el que yo vi. Han pasado 76 años de aquel glorioso día y en la memoria sigue fiel aquel espléndido gol de Luzbel al famosísimo internacional Zamora
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