Me leen, luego existo
A menudo los grandes son desconocidos o, peor, mal conocidos (Thomas Carlyle).
A menudo me sorprendo redactando artículos imaginarios. ¿Será la necesidad, casi sed, que tengo de que sepáis que existo? Creo que ver mi nombre impreso en un medio de comunicación mitigaría algo mi afán de protagonismo, y voy a pasar del pensamiento al hecho: me leen, luego existo. Todo pasa por escoger un tema. Lo desarrollaré y daré la murga a algún conocido para que me lo publique.
Buscaré entre las anécdotas reales como la vida misma, para que el lector empatice conmigo. Sociología pura. Amores, mal de amores, finales felices, infancia, familia... Sí, familia, y así al menos conseguiría un lector seguro ("¡rinnng, ringgg! Hermano, ¿te acuerdas de cuando te caíste robando los higos del señor Ignacio y yo, tras romper la rama, te llevé sobre mi espalda? ¿Que no fue así? Vamos, lo dirás tú... No quiero discutir, que sepas que lo publican mañana en tal periódico, así que cómpralo, desagradecido").
De los amigos, de los ilustres conocidos de aquí y allá: Plácido Domingo, Benedetti o Saramago (¿no pasé un día por fuera de salones donde ellos daban una conferencia?). Ellos hablarían por sí solos al lector de mi propia importancia. Pena (penita, pena) que no pueda describir lugares exóticos que visité en viajes que otros pagaron, como algún que otro articulista conocido: a mí nadie ha querido financiarme.
De la actualidad, "no llego a fin de mes" sería un tema cercano para conectar. Como yo (me encanta verme ahí, yo misma) tiene que haber un montón de lectores, con tarjetas de crédito en rojo pasión y cuentas hechas en lugares extraños (más que el váter), como una servilleta, nota de la tintorería, ticket de la compra, envoltorio de preservativo, todo para confirmar que la situación es muy difícil e irá a peor, y caer en la cuenta de que el preservativo estaba caducado.
O puedo opinar de cultura. De hecho, no me gusta el título de la película de Allen. Vicky, Cristina, Barcelona. ¡Absurdo! De música, tangos (y aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer -único- amor) y coplas ("yo te dije, está cumplío, no me tienes que dar ná")... Samba pa ti.
Mi tierra, los olores que impregnan mi ser y me transportan, cuando paseo por el parque... El parque natural Bulevar, of course, y las galerías comerciales, y esa bajada por el Pilar, llena de tiendas y la librería La Isla en la calle Castillo y más tiendas... ¡Ayssss, cómo te siento, tierra amada!
Ya está: ¿¡de mi sentimiento religioso!? Bueno, no, ése no, que haberlos haylos. De fantasía: las hadas, esos seres diminutos que hacen sentir que el país de Nunca Jamás está ahí, casi al otro lado del espejo, en un satélite pequeño donde una rosa espera a que el Principito deje de coquetear con la zorra y la víbora...
Último intento: sobre mi experiencia en el palpitante, excitante mundo laboral en el que me muevo. Ya me viene a la memoria aquello de "primero arrestaron a los comunistas, pero yo no era comunista, así que no hice nada; más tarde vinieron a por los socialdemócratas (...) Finalmente vinieron a por mí y me arrestaron, y ya no quedaba nadie para poder hacer algo al respecto". Y esto otro: "Para la libertad sangro, lucho, pervivo, para la libertad", y san Manuel Bueno o Mártir, y hasta "La vida de Brian"... ¡¡¡Apasionante trabajo el mío, que todo lo que me evoca es cultura!!!
Nada, que hoy las musas están pasando de mí, y no se me ocurre nada mejor para ver mi nombre impreso en un periódico que... ¿Morirme?
Chelo Criado González
(persona humana nik)
¿Quién nos protege?
Leo en EL DÍA de hoy jueves, pág. 38, que el Ministerio de Defensa enviará un avión y 90 militares para realizar labores de vigilancia para proteger barcos españoles en las aguas próximas a Somalia y luchar contra la piratería, ya que se trata de una operación en defensa del interés nacional. ¡Me alegro! ¿Y qué pasa con la invasión que está ocurriendo en Tenerife (y no en Canarias), que llegan como quieren con sus GPS y en esta Isla no hay ninguna vigilancia ni tecnología? Lo que pienso: fuerte asco y desidia. ¿Quién nos protege?
María del Carmen Estévez
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