Mientras la crisis económica amenaza a nuestro sistema financiero, como se verá en los próximos días, si el Banco Europeo no lo remedia de nuevo, los líderes del Gobierno y la oposición, en los niveles estatales y autonómicos, siguen enzarzados en peleas de mercadillo de barrio, esperando que sean otros -los que, según ZP, son los causantes de la crisis- quienes la arreglen y acabe así "escampando" para todos. ¡Como si Bush hubiera sido el causante de las hipotecas de riesgo que han dado los bancos y cajas españolas, y de que el dinero que ganaron con el boom, en lugar de emplearlo en crear unas industrias alternativas solventes, lo hubieran invertido en aventuras especulativas en el exterior!
Nadie nos dice oficialmente cuál es la deuda real de bancos y cajas de ahorro, y qué tipo de riesgo están corriendo sus clientes. Se habla de una deuda exterior de las Cajas de Ahorros que se eleva a 700.000 millones de euros con los que otorgaron préstamos o muchas hipotecas de difícil cobro. En los bancos, al menos, son los accionistas quienes teóricamente responden, aunque el Gobierno actual haya intentado mangonear en alguno de ellos, aunque sin éxito, como el BBVA.
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Crear confianza en el exterior le pedía hace unos días R-ZP a los embajadores acreditados en Madrid para que "creen confianza en el exterior sobre la solvencia del Reino de España en sus países".
¿Cuál es la confianza que puede suscitar una clase empresarial, tanto la canaria como la española en general, que cuando ha ganado dinero se lo ha llevado al exterior y no ha creado empresas autóctonas fuertes, si no es con dinero de allende nuestras fronteras? Como industria netamente española sólo tenemos la del turismo, y a pesar de que se va reduciendo por la crisis, al menos en Canarias sigue creciendo algo más de lo que crece el PIB.
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La confianza la genera un país que trabaja y compite con solvencia profesional. No es el caso de las empresas españolas en general, que siempre que tienen problemas, en el interior o en sus aventuras exteriores, acuden al Gobierno para que utilice el dinero de los contribuyentes para resolverles los problemas de su mala gestión. Para eso está la generosidad de los contribuyentes españoles, dispuestos a seguir votando a quienes le meten mano en el bolsillo para salvar a quienes les mantienen en el poder.
Justo castigo a nuestra indiferencia y a nuestra falta de sentido crítico, Pepe Ignacio. Los contribuyentes, a pagar y seguir perdiendo nivel adquisitivo. Y los políticos, a destruir nuestras economías, nuestra confianza internacional como país que había comenzado a ser solvente, para volver al déficit y cargar sobre las siguientes generaciones la mala gestión gubernamental. Los políticos nunca pierden. Se suben los sueldos antes de la crisis. Compran votos con dádivas de riesgo que no les llegan a los seis millones de españoles más pobres, y que tampoco compensan a los contribuyentes para combatir el alza desaforada de los precios y servicios. Ahora, en nombre de la estabilidad de nuestro sistema financiero, para salvar la economía y el empleo, toca acudir en auxilio de quienes tanto han aportado a las arcas de los partidos, de todos, mientras los políticos han dispuesto del poder de recalificación de los terrenos.
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Que investiguen y busquen el dinero de la corrupción para salvarlos. Así evitarán el hundimiento del empleo. Aflorando los capitales de tanto millonario surgido con la construcción especulativa, la política de reconversiones, fusiones y mangoneos que han dado lugar a que se enaltezca civilmente a los responsables de tanta gestión insolvente, que no sólo no ha fortalecido industrial y económicamente al país, sino que, "mientras la fiesta duró", lo único que hizo fue aumentar la lista de millonarios en euros y hundir en la zozobra a los asalariados y en la miseria a los más pobres, sin que ni la CEOE ni los sindicatos hayan hecho nada para impedirlo. Dos organizaciones, los llamados agentes sociales, que siguen viviendo también a costa de los contribuyentes, desconociéndose su aporte a la economía nacional.
Si dicen que hay que empezar a reducir gasto público, ya saben dónde: eliminen instituciones, asesores y funcionarios, estatales y autonómicos que carecen de función, como ese ministerio de la Vivienda que el Senado propuso eliminar; o el de Igualdad, y hasta el de Educación, cuyas funciones ejercen las autonomías, sin que haya logrado, ni siquiera, que los títulos universitarios valgan igual en toda la nación, o que el español se enseñe con eficacia en la escuela pública de las autonomías. ¡No me digas, Pepe Ignacio, que no somos un país interesante, digno de ser visitado no sólo por su sol y por su dieta, sino por sus extravagancias!
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La R, pronunciada como erre, letra decimonovena de nuestro abecedario, hay casos en que se reitera muy a menudo. A R-ZP lo encontramos hasta en la sopa por no aceptar que hay crisis en el país y un amplio catálogo de improvisaciones. Al menos nuestro presidente Rivero, con R también, pide consenso a los agentes políticos y sociales para fortalecer la creación de empleo, que es lo único que puede salvarnos de la crisis -algo es algo-. Lo urgente, dijo Rivero esta semana, es apostar por la "diversificación económica" y por dar más soluciones y menos burocracia; impulsar las plantas regasificadoras; adjudicar el concurso eólico; eliminar al menos el 25% del papel y del tiempo en la tramitación administrativa? Parece que está en el camino práctico y sensato. Ruano, otra R, por el contrario, sigue en su galaxia. Cada semana, a piñón fijo, nos introduce con vaselina pura esterilizada una novedad más de la "guanchancha", aún sin estar aprobada e inoportuna en estos momentos. En agosto, el proyecto del nuevo edificio, en septiembre el color y diseño del uniforme, mientras Rubalcaba, otra R, le advierte que si sobra tanto dinero en Canarias que le paguemos al Ministerio del Interior el costo de la Guardia Civil y la Policía Nacional. ¿Se enterará de una vez el Sr. Ruano que es más rentable ahorrar millones de euros privatizando la TVC, vía que ha tomado la Comunidad de Madrid con su Tele Madrid, que crear un nuevo Cuerpo policial que hoy lo costea la Administración central. Pues erre que erre.
Rivero, aparte de aguantar el empuje de los sindicatos que le mueven el banquillo en sectores tan claves como la enseñanza y la sanidad, parece estar empezando a ir por la ruta adecuada de aplicar medidas propias que son las que pueden sacarnos del marasmo. Porque nada nos vendrá regalado. Ni de Madrid ni de ninguna otra parte. Serán nuestro impulso a las infraestructuras propias, el aumento de la eficacia y la competencia de nuestros profesionales y planteamientos serios los que nos mantendrán a flote.
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