EFE, Cochabamba
El presidente de Bolivia, Evo Morales, y la oposición comenzaron ayer un esperanzador diálogo político, respaldado por la comunidad internacional, sobre la crisis que situó al país "al borde del precipicio" en las últimas semanas.
Morales y los prefectos (gobernadores) opositores autonomistas empezaron sus reuniones en un centro de convenciones de la ciudad central de Cochabamba, en presencia de numerosos observadores y garantes de instituciones internacionales y locales.
El diálogo se inició con una "muy buena voluntad" para resolver el conflicto en una reunión a puerta cerrada que puede ser intensa y de la que, según el Gobierno, las partes no saldrán hasta alcanzar acuerdos.
Las conversaciones deben centrarse en la nueva constitución política del Estado que impulsa Morales, los estatutos autonomistas de las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija y el reparto de la renta petrolera entre el Estado y los departamentos del país.
El portavoz de Morales, Iván Canelas, ilustró ayer la crítica situación que llevó al gobernante indígena y sus opositores a sentarse a una misma mesa para negociar al señalar que el país estaba al "borde del precipicio".
Se trata de la tercera vez en este año que Morales y sus opositores abren conversaciones para intentar la concertación, aunque ahora bajo el impulso de la última cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) que se reunió esta semana en Santiago de Chile para analizar la crisis boliviana.
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