NO CREO que el menú de las mascotas de Paris Hilton se viera afectado por los piensos que mataron a varios gatos y perros norteamericanos en los últimos años.
Lo que sí es cierto es que la melamina (un compuesto químico utilizado para producir colas, resinas, plásticos: todos conocemos su presencia en los paneles de aglomerado para el bricolaje y la carpintería) ha sido el arma letal que ha colapsado los riñones del reino animal doméstico.
Pero lo que es verdaderamente aterrador es que la citada melanina vuelve a encontrarse, esta vez en la leche en polvo de los bebés chinos. 69 marcas han sido detectadas como adulteradas. Ya han muerto tres pequeños, 6.000 se han intoxicado y más de 1.300 siguen ingresados.
La sustancia parece que se ha utilizado ampliamente, dado su alto contenido en nitrógeno, para adulterar alimentos, simulando así un mayor valor protéico.
Es cierto que alimentar a todas las mascotas del mundo libre y democrático, a los gatos del bienestar cosmopolita y a los bebés de una nación en pleno desarrollo y aprendizaje capitalista no es cosa fácil.
Es complicado aprender deprisa cómo darle de comer cuatro veces al día a mil millones de personas, negociar y comerciar con el mundo europeo y americano con la velocidad de un golpe de kung fu.
Nuestros comercios se han vuelto crueles y globales: entre producciones transgénicas, alimentos tóxicos y el mal de ojo del "yuppie", que sólo quiere poder y riqueza, nos encontramos paralizados por nuestra propia pasividad, miedo y superficialidad.
Todos recuerdan que siempre he abogado por una alimentación verdaderamente sana, productos biológicos vegetales y animales. Nunca he pregonado, contra todos los listos de la profesión, lo contrario.
Zoe, mi sobrina de 8 meses, se alimenta, entre otras cosas, de leche de cabra de Anaga: es bellísima y muy sana.
Expresando mi profundo pésame a las familias chinas que han perdido a sus hijos, y presentando mis condolencias a la agricultura, la ganadería y al comercio que alimenta a todo nuestro planeta, quiero confiar en que de aquí a un año, con o sin crisis, sepamos comer mejor y, sobre todo, no dejarnos engañar por un sistema que realmente utiliza la humanidad como un producto inerte cualquiera.
Los animo a todos a quererse mucho y poner seria atención sobre las verdades que nos comemos en nombre del bienestar.
Pueden ser definitivas.
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