Canduchi
Eres la fruta de un resuello,
la sonrisa engalanada
de una canción desoída
que prendió en mi pecho
la llama prohibida
que, sabiéndose galana,
sojuzgó mi lamento
entre arrullos de alegría.
Porque eres dicha, sueño y fe,
toda guapa y toda hermosa
como la gota de agua, viva y tran-
[quila,
con la que se calma la sed
que llenaste de vida
con tu palabra quejosa,
con tu inquietud por ver
el nuevo sol de un nuevo día.
La brisa en la mañana
y el viento alisio al atardecer,
un rayo de luz, maná vallero
que envuelve callada
la razón de un sueño
que se cobija sin ver,
que se hace esperada
cuando se ama un deseo.
Desear que no se acabe la palabra,
que tu voz irradie siempre
la nostalgia de un futuro
que se palpe con el alma,
que te entregues sin tapujo
a un misterio aún inerte
que se esconde cuando calla
del amor su ser profundo.
A. Blanco V.
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