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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Otro maestro de la pluma

19/sep/08 07:24
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ACABO de enterarme de que el Colegio de Abogados de Las Palmas ha abierto diligencias informativas sobre "supuestos" letrados norteamericanos. "Supuestos" porque este organismo que agrupa, de forma obligatoria, a todos los profesionales del Derecho, considera que no son abogados las personas que se están ofreciendo a víctimas y familiares de fallecidos en el accidente de Barajas, todavía sin que los expertos hayan aclarado las causas, para reclamar cuantiosas indemnizaciones. A mí el asunto de estos abogados -o lo que sean- foráneos, apoyados por colegas locales, siempre me ha parecido que desprende cierto tufo carroñero, sobre todo cuando aún está reciente la tragedia y muy vivo el dolor de los afectados. Pero eso me lo parece a mí, no a la prensa amarilla. Esencialmente porque la prensa amarilla está demasiado ocupada en estos momentos con denostar a José Rodríguez y a su periódico, y no le queda tiempo para hablar de buitres; aves que por propia definición se alimentan de cadáveres. Ignoro si la voracidad dineraria de estos letrados, los unos y los otros, es insultante, o no, para la memoria de las víctimas. Ante el silencio de algunos, a la vista está que no.

Igualmente ocupado con pontificar contra EL DÍA como instigador del pleito insular anda estos días otro insigne periodista y escritor. Personaje al que no leo con tanta admiración como a Fonsito el de la última de Diario de Avisos, pero que tampoco está mal. Me ha encantado el artículo del universalmente universal Juan Cruz Ruiz sobre Las Palmas, titulado "Viva Gran Canaria". Gracias a su descriptiva pluma he podido conocer ahora, después de viejo, las bellezas de la isla redonda. En realidad, ya me había olvidado de cómo son sus paisajes. Hace muchos años, los suficientes para justificar esta laguna de la memoria, me rompía las piernas y me desollaba las ingles recorriendo sus carreteras a golpe de pedal, en las muchas carreras ciclistas que disputé por aquellos alrededores: hoy el Condado de la Vega Grande -con el inevitable paso por la matadora cuesta del Goro-, a las dos semanas la subida a Artenara -que curiosamente siempre se me dio bien- y cuando tocaba, pues la vuelta a la Isla. Además, como casi siempre andaba a la greña con la Federación de Tenerife, solía correr en Las Palmas bastantes más carreras que las habituales. A veces Viera y compañía retrasaban el inicio de una prueba para que me diera tiempo a llegar, vestirme de ciclista en la misma línea de salida y empezar a pedalear. Excelentes personas y entrañables amigos.

El caso es que mientras un puñado de locos nos curtíamos corriendo a 40 grados por el barranco de Mogán, Juanito Cruz, el que ahora se extasía con los paisajes amarillos para zaherir a un periódico vinculado a los inicios de su meritoria carrera profesional, no corría sobre dos ruedas por la ahora Gran Canaria de su alma. No tenía tiempo, pues estaba en Madrid doctorándose de progre y preparando el advenimiento de Felipe González. Fue después, ya con el birrete de progresista social, cuando consideró oportuno quitarle el saludo a algunos conocidos porque no eran de izquierdas. Ante todo, demócrata; que ni siquiera se insinúe otra cosa. De ranillero a ranillero -aunque no soy de la calle Mequinez sino de los llanos de Martiánez-, vete por ahí tú también. O mejor entodavía, vétete por ahí.

rpeyt@yahoo.e

 

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