JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Algunos futbolistas se inclinan por Maradona, hay historiadores que entregan a Napoleón Bonaparte la condición de personaje favorito o aficionados a la música clásica que colocan a Beetthoven por detrás de Strauss cuando se les pregunta por sus referentes... Él deja a Camarón de la Isla, leyenda del flamenco antes de morir, al frente de su universo. "Nadie ha estado a la altura de Camarón; él era un dios", dice Raimundo Amador.
Nacido en una modesta casa del barrio sevillano de las 3.000 viviendas, un espejo en el que se refleja la visión más marginal de la ciudad del Guadalquivir, el cantador nunca ha renunciado a sus raíces: "No sé si me hice flamenco o me hicieron, pero allí sólo había eso. Supongo que el entorno tiene que ver", admite un guitarrista que no había cumplido aún los 12 añitos cuando se ganaba la vida tocando en las calles hispalenses. Entonces, se le conocía como "sargento platillo". "La guitarra me lo ha dado todo; ella ha sido mi compañera durante mucho tiempo", confiesa un artista que mañana, a partir de las 22:30 horas, lleva su "Bluslería Tour'08" al Faro Chill Art de Costa Adeje.
Flamenco en estado puro adornado con unas pequeñas dosis de rock y blues. Eso es lo que ofrece -desde hace más de 30 años- Raimundo Amador a su clientela. "Al principio me dieron por todos los lados, pero mereció la pena recibir tantas críticas y apostar por el rock-gitano. No fuimos conscientes -prosiguió- de lo que estábamos haciendo, pero era algo que estaba dentro de nosotros y que fluía sin avisarnos", cuenta sobre un género al que le ha jurado fidelidad eterna: "A mi manera (se ríe), pero después de tantos años le sigo siendo fiel al flamenco".
Hijos de guitarristas
"Mi abuelo y mi padre eran guitarristas", revela Raimundo Amador al preguntarle por qué se aficionó al instrumento de las cinco cuerdas. "Pertenezco a la tercera generación de una familia que vive de y para la guitarra". Pero su vida cambió el día que entró en el tablao de Los Gitanillos. Lejos de acobardarse, su autoestima se ensanchó al rodearse de nombres ya consagrados como Camarón de la Isla o el maestro Paco de Lucía, entre otras figuras del flamenco español.
¿Quién gana este pulso? La interrogante, mil veces dirigida por los periodistas contra Raimundo, no resuelve las posibles dudas. "Paco es el mejor, sin duda, pero Camarón es un dios". El primero, pues, es genio y figura, mientras que el segundo está en una dimensión que parece reservada a los mitos. "Si no crees en ti, no pintas absolutamente nada al lado de un maestro", aclara el andaluz.
Compañero de "fatigas" de Kiko Veneno, Camarón, Andrés Calamaro, Paco de Lucía o B.B. King, entre otros muchos músicos, Amador no tiene claro el efecto imán que le persigue desde su juventud. "Algo hice para que pasara, pero el qué no lo sé", responde cuando se pone sobre la mesa el entorno musical tan imponente en el que se ha movido. "Soy auténtico y no paro de trabajar".
"Hay que tirar pa' lante"
Hombre de pocas palabras, toda su vida se resume en la frase "hay que tirar pa' lante". "El flamenco me lo ha dado todo; buenos y malos ratos que trato de mezclar con el objeto de equilibrar un poquito el día a día", matiza.
"Un okupa en tu corazón" es, a juicio del sevillano, su disco más guitarrero. El cuarto que ve la luz tras colar en el mercado "Gerundina" (1995); "En las esquina de Las Vegas" (1997) y, por último, "Noche de Flamenco y blues", grabado hace una década (1998).
No hay nada seguro, pero es probable que mañana se pueda escuchar -en el Faro Chill Art- "Pata Palo", "Bolleré", "Gitano de Temporá" o "Ay morena" en una voz artesanal: "Lo comercial es un producto con grandes operaciones de márketing, mientras que lo tradicional no vende", critica. "Muchos oyentes tienen sus oídos resfriados y no son capaces de oír música". De los estandartes de la Transición española, Amador dice que "son voces que se han tomado un respiro hasta que pase el temporal".
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