1.- El habla popular se muestra implacable a la hora de definir los comportamientos humanos y las actitudes de las personas. Entre nuestros canarismos se encuentra la voz culichichi, que viene pintiparada para definir al correveidile, al mentecatillo que lleva y trae recados, al babieca inmisericorde que no tiene nada que hacer sino ver lo que hacen los demás para salirles al paso. Las instituciones están llenas de culichichis. Obsérvese, si no, el Cabildo de Las Palmas, que quiere reprobar a este periódico y a su director, José Rodríguez Ramírez . Obsérvense los periódicos de Las Palmas infiltrados aquí y a otros de Tenerife, en estado ruinoso. No admiten ni el éxito de un rival -EL DÍA- , ni tampoco la libertad de información garantizada en la Constitución. Como no lo admiten algunos diputados de la izquierda, que siempre están alardeando de libertades y de logros democráticos y luego leche de machanga.
2.- José Rodríguez es un hombre libre, que dice lo que piensa. Sencillamente. Y que tiene en sus manos el periódico más leído de Canarias. No sólo por lo que publica hoy -que por supuesto también- sino por su trayectoria centenaria y limpia, forjada en ocasiones, incluso, con pistolas en el pecho y amenazas familiares. Ejerciendo la persecución política y mediática con la que intentan someter a Pepe Rodríguez, lo han elevado a los altares. Han reconocido su influencia; han sublimado sus ideas; han intentado patalear sus planteamientos ideológicos, pero lo que han logrado es propagarlos mucho más lejos de donde este periódico podría llegar. O sea, que además de culichichis son idiotas.
3.- Que hombres y mujeres como castillos pierdan el tiempo en ocuparse de un periódico que dice lo que piensa, que es seguido diariamente por miles y miles de lectores en todas las islas me parece tremendo. Que esta panda de gandules se dedique a perseguir periódicos y periodistas en vez de trabajar por Canarias supera todos los límites del culichichismo más brutal. En realidad, no sé si reírme o llorar ante la acción pueril de quienes tienen la obligación de defender las islas y van a las sesiones cabildicias y parlamentarias, precisamente a leer el periódico. Tengan vergüenza y no sean babiecas. Defiéndanse como hombres en el terreno de las ideas y no actúen como pobres rameras de un burdel de carretera.
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