SEPTIEMBRE ha comenzado con unas cifras muy preocupantes: aumento del paro en más de 100.000 personas, que totalizan ya dos millones y medio de parados; la afiliación a la Seguridad Social ha descendido en 250.000 trabajadores; la venta de automóviles ha bajado un 41%; las empresas inmobiliarias, forzadas a provisionar la suma de 3.200 millones de euros por el deterioro de sus activos; comercios e industrias que han cerrado, van a cerrar o tienen anunciado expedientes de regulación de empleo o se declaran en concurso de acreedores por culpa del enorme descenso en las ventas; entidades financieras con solvencia dudosa; los productos alimenticios en imparable escalada de precios, etc.
¿Y cuál es la reacción del Gobierno? La táctica del calamar: verter chorros de tinta para ocultar la realidad. ¿Cómo? Pues impulsando una nueva ley del aborto para que, según la ministra ("miembra") Bibiana Aído, "garantice los derechos fundamentales" de las mujeres y médicos (¿acaso no están garantizados ahora?); también legalizando y regulando el suicidio asistido; apoyando al juez Garzón en su frenético deseo de localizar listados de desaparecidos en la Guerra Civil y en la etapa del franquismo; el ministro de Industria piensa regalar una bombilla de bajo consumo a todos los españoles para reducir el recibo de la luz. Y por si fuera poco, a la ministra de Defensa no se le ocurre otra cosa mejor que encargar nuevos uniformes a las mujeres militares (para favorecer a la industria textil). Medidas todas ellas de suma urgencia y calado social.
Pero es que el Gobierno no da una a derechas (y no es que pretenda yo que se incline por ideologías conservadoras, que no es el caso). Cuando el ministro de Trabajo conoció las cifras del desempleo del mes de agosto sufrió un ataque de pánico y reaccionó impulsivamente anunciando un endurecimiento en la contratación en origen de inmigrantes. Anuncio que corrigió la vicepresidenta del Gobierno descartando que el imprudente ministro pueda pensar en voz alta por sí mismo, diciendo que ¡ni hablar! Que como tenemos pleno empleo se seguirá contratando a extranjeros para que vengan a currar a España.
Lo verdaderamente preocupante y penoso es que el presidente Zapatero y su ministro Solbes no terminan de enterarse de la existencia de la crisis, por lo que no saben poner en marcha las necesarias medidas para resolver esta difícil situación. Creen que la recuperación de nuestra economía ocurrirá a finales de este año o en los primeros meses del siguiente. Sin embargo, la Unión Europea estima que ¡de eso nada! Pues no habrá crecimiento económico, sino todo lo contrario, recesión. En estas condiciones, ¿cómo se va a crear empleo?
Los mercados temen que la falta de crédito y los problemas que provoca en el crecimiento económico y en el empleo, unido a la subida del precio de las materias primas, acabe afectando y gravemente a las entidades financieras.
En efecto, la falta de crédito unido a la caída del consumo y a la parálisis del sector de la construcción puede llevar a bancos y cajas de ahorro a contabilizar los impagados y los morosos por decenas de miles. Esta preocupación se está reflejando en la Bolsa y al Ibex empiezan a escocerle los problemas económicos que tenemos en España, con una caída del 30% en lo que va de año.
En una situación económica tan delicada como la de España y la de muchos españoles, cuyo calado nadie conoce en estos momentos, así como su duración, se requiere ante todo seriedad, serenidad y responsabilidad, y más en los momentos actuales en los que la confianza es el valor más deteriorado y también el bálsamo determinante para lograr la recuperación.
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