... A las autoridades educativas canarias debería darles vergüenza que, después de 25 años de autogobierno, cada comienzo de curso escolar se repitan los problemas de organización y carencias materiales en los centros públicos, como si estuviéramos viviendo en un país de África y no en la Europa desarrollada. Estos días hay institutos que no disponen todavía de profesores y libros suficientes (un ejemplo, pero no el único, el Leoncio Rodríguez, de El Rosario); en otros las instalaciones deportivas sufren un deterioro tal que los profesores no se arriesgan a impartir clases de educación física por miedo a que sufran algún daño los alumnos (Benito Pérez Armas, en Santa Cruz de Tenerife); y los hay a docenas donde el servicio de comedor es inexistente o incompleto.
... No hay excusas que justifiquen esta falta de diligencia de la Consejería de Educación, que cuenta con la mayor partida del presupuesto autonómico y con tres meses de tiempo para realizar las obras necesarias y reajustar las plantillas antes de cada curso. Bastantes deficiencias lastran cada día el nivel de la educación pública en Canarias -como demuestra el indicador del nivel de fracaso escolar- como para que, encima, se le pongan obstáculos al normal desarrollo del curso escolar. A pesar de las buenas intenciones que manifiestan las autoridades de la Consejería, asegurando ser conscientes de la importancia de una buena educación para lograr una sociedad más libre, justa y desarrollada, en la práctica repiten la indolencia -si no es incapacidad- de sus antecesores para acabar de una vez con esta rutina que vuelve en septiembre. Es más, cada comienzo de curso la Consejería repite el ritual de publicar los porcentajes de centros educativos y de alumnos que han logrado empezar las clases el primer día (datos que a menudo son desmentidos por algunos centros afectados) como si fuera un éxito llegar a niveles del 95 o el 98, y, por otra parte, inevitable que unos pocos miles de alumnos y decenas de centros queden excluidos de la normalidad.
... Y no hay por qué resignarse a esa lectura de la situación. Lo primero en la educación es disponer lo más elemental: una clase habitable con sus correspondientes profesores, y los servicios imprescindibles: transporte para los alumnos y comedor. Si cada año hay que estar pendiente de que no fallen esos "detalles", es que Canarias ha avanzado muy poco en este campo. Y mientras no se entienda eso, mientras se admita como normal un margen de fallos, mal vamos.
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