EFE, Caracas
Diversos portavoces de la oposición en Venezuela negaron su complicidad con el golpismo como les acusó el presidente Hugo Chávez, al que pidieron que respete a Bolivia y se preocupe de los problemas nacionales.
"Tenemos problemas muy graves en Venezuela que tienen que ver con la impunidad, con la falta de políticas de Estado en el tema de la seguridad", pero "Chávez está de brazos cruzados frente a esto y dice que no se va a quedar de brazos cruzados frente a problemas de otros países", declaró el líder opositor Manuel Rosales.
El gobernador del estado noroccidental de Zulia, quien perdió las elecciones presidenciales de 2006 en las que Chávez fue reelegido, le conminó a ordenar a los soldados que cuiden "las fronteras, nuestras calles y avenidas" en lugar de decir que intervendrá en Bolivia si es derrocado su homólogo Evo Morales.
Sobre la acusación de Chávez el domingo de que "los pitiyanquis", como llama a sus detractores, han guardado "silencio o menospreciado y ridiculizado" la denuncia de un nuevo complot para derrocarlo y matarlo, Rosales optó por remarcar que "sospechoso" es el silencio oficial frente a acusaciones como la eventual financiación venezolana de candidatos en otros países.
Tomás Terán, dirigente del opositor Movimiento al Socialismo (MAS), manifestó ayer que Chávez "no puede continuar con un lenguaje de guerra ni interviniendo y pensando que el jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia es su empleado".
Chávez instó el fin de semana al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, general Luis Trigo, a que le demuestre que apoya a Morales y lo acusó de impartir "órdenes extrañas" contra el estado de sitio decretado en un departamento en el que murieron unas 30 personas en choques entre opositores y simpatizantes del Gobierno.
El secretario de la juventud del partido democristiano Copei, Juan Tapia, sostuvo que la oposición se prepara para ganar democráticamente las elecciones municipales y regionales de noviembre y no para otras acciones. También criticó "el permanente discurso de guerra y pelea" de Chávez, "mientras persisten carencias en el país".
El secretario del Partido Comunista de Venezuela, Oscar Figuera, dijo que sus militantes actuarían desde ayer bajo la consigna de "defender la revolución y aplastar la conspiración", aunque no dio más detalles.
Jesse Chacón, uno de los candidatos gubernamentales en las elecciones de noviembre, entregó ayer a la Fiscalía un documento que exige "una investigación a fondo" sobre el supuesto "intento de magnicidio planificado" contra Chávez.
El complot fue denunciado al difundirse una supuesta conversación grabada en agosto en la que el general de Ejército Wilfredo Barroso, el vicealmirante Carlos Millán, ambos ya arrestados, y el general de Aviación Eduardo Báez hablan de asaltar el palacio presidencial o atentar contra el avión del presidente.
También han sido detenidos el mayor Elímena Labarca, el teniente coronel de Aviación Ruperto Sánchez y un quinto militar no identificado, quienes están acusados de "instigación a la rebelión", según el titular de la Fiscalía Militar, general Ernesto Cedeño.
Chávez reiteró el domingo por la noche que no se quedará "de brazos cruzados" si algo le pasa a su colega de Bolivia, Evo Morales, entre insinuaciones respecto a la actitud de militares bolivianos, horas antes de viajar a la cumbre de Unasur.
En vísperas de la reunión convocada ayer en Chile, volvió a instar al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas bolivianas, general Luis Trigo, a que apoye a Morales. Chávez insinuó en su programa dominical "Aló Presidente", que el alto mando militar no hace lo suficiente para respaldar al Gobierno boliviano en la crisis que atraviesa el país y llegó a hablar de "órdenes extrañas" del general Trigo, supuestamente contra el estado de sitio decretado.
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