En honor a la verdad
Por motivos personales me he visto envuelta en un momento difícil en el que he tenido que tomar una decisión, fácil para mí- pues no me ha costado nada apoyar y defender la verdad, la amistad y la transparencia de una amiga-, pero tremendamente difícil y triste por las circunstancias que la han rodeado. He vivido 5 días de reflexión positiva, para ver pasar a todos y a todas los que se consideran sus compañeros y compañeras, he sido testigo en oír palabras de aliento, en demostrar apoyo, en valorar el trabajo duro, comprometido e impagable, en valorar la lealtad... pero también negativa, pues he vivido el gesto humano de la supervivencia: "hoy te toca a ti, mañana puedo ser yo"; "si se han atrevido contigo, qué va a ser de mí". El ser testigo y sufrir cómo personas que antes peleaban por estar a su lado se retiran para no ser señalados ni señaladas. En fin, muy triste pero real como la vida misma.
Tras ese bombardero de 5 días, llegaron las 5 horas de incertidumbre, momento que todos y todas hemos vivido en alguna ocasión; es esa situación en donde solo tú eres el protagonista; pasas a ser el que lleva el estigma y por supuesto comienzas a caer en la cuenta de que vales más por lo que callas que por lo que cuentas, y en definitiva, que están deseando que desaparezcas para que todo vuelva a la normalidad. Lo cierto es que dedicamos mucho tiempo y esfuerzo en sobrevivir y por desgracia olvidamos dedicar 5 segundos a dignificar.
A estas alturas del escrito estaréis pensando ¿qué dignificar? Pues lo normal, lo corriente, cerramos las puertas a todas aquellas cosas que moralmente nos hacen daño, entramos en el camino de la deshumanización y pensamos que somos buenas personas por no hacer daño al prójimo.
En mis 5 segundos de dignidad, mis ojos se fijaron en los ojos de mi amiga y lo que me encontré fue lo mismo que he visto en los ojos de otras personas desechas por el dolor, por la pérdida de sus seres queridos, por no saber dónde están sus hijos e hijas, por la soledad del maltrato, por la enfermedad, por la incomprensión, por el miedo, por... Porque lo cierto es que cuando la miré lo que encontré fue su alma.
En honor a la verdad, no cerremos los ojos y mantengamos viva la voz para que no caiga en el saco del olvido el sufrimiento y la soledad de miles y miles de personas, no caigamos en el dicho de que lo que no se nombra no existe, porque la realidad es que a la vuelta de la esquina, tarde o temprano, nos están esperando para entrar en la rueda.
A mi amiga Pepa, gracias por enseñarme a ser buena gente y a no cerrar los ojos.
Alicia Villa
Alejandra y el CB Juventud Laguna
Por la presente quiero mostrar mi indignación y repulsa por el trato que el personal del CB Juventud Laguna ha venido teniendo desde hace dos años con una niña que hoy tiene 12 y una ilusión a prueba de entrenadores y coordinadores del club al que usted representa.
Alejandra es una niña que estudia en el Colegio Camino Largo, de La Laguna. Cuando comenzó primaria, su ilusión era jugar al baloncesto y hablé con el entrenador de entonces, quien me dijo que no tenía equipo para su edad, ya que no se habían apuntado niñas de su curso, pero que él entrenaba a niñas dos años mayor que ella y si Alejandra quería, él la ponía a entrenar con ellas. Esteban consideraba que la ilusión y las ganas de la niña estaban por encima de todo. Eso le honra.
Alejandra fue la benjamina del grupo de Esteban, querida, respetada y tomada en consideración. Entonces contaba con sólo 8 años. Al año y medio de estar con su equipo, se apuntaron a baloncesto más niñas de su edad, y Esteban consideró que, al formar otro equipo, Alex debía pasar con ellas. A Alex le costó dejar a su equipo, pero todos consideramos que era una decisión acertada. Pasó a entrenar con Marga y estuvo dos años, acudiendo a los entrenamientos y a los partidos. El año pasado, a mitad de curso, 6º de primaria, aparecen a entrenar en el Colegio Camino Largo, el equipo del Mayco de 5º y 6º de primaria. Marga llama a Alejandra y le dice que tiene que formar dos equipos porque son muchas niñas y necesita "compensar, igualar y equiparar los dos equipos" y que después de estudiar todo esto ha decidido cambiarla a ella para que entrene con las niñas de 5º del Mayco y las de 5º de primaria del Colegio Camino Largo, y a su plaza pasó a una de 5º de primaria del Mayco. Alejandra no paró de llorar, porque no entendía tan arbitraria decisión. Me personé para hablar con su entrenadora, lo cual no sirvió de nada, pues cuando no se lleva razón, se acaban los argumentos. Aún así, le dije a Alex: "Tú decides, cariño". Alex se tragó la frustración, las lágrimas y la ilusión que el baloncesto le había dejado una vez más... y siguió entrenando.
Hace una semana, sus antiguas compañeras la llamaron porque empezaban los entrenamientos, a los cuales ha acudido con la misma ilusión que tenía con 8 años. Pero demasiado le duró. El lunes, 8 de septiembre, el coordinador Ricardo le dijo que quería hablar con ella, y con su madre, en este caso, conmigo. Nos pasó a una mesita que tiene junto a los vestuarios para decirnos que Alejandra no iba a formar parte del equipo. Que sólo podía haber 12 niñas federadas y que ya las tenían. Le conté a Ricardo la trayectoria de Alex con el Club. La falta de respeto, la falta de dignidad y del "espíritu deportivo del que tanto hacen gala y con el que se llenan la boca ante multitudes, para luego empalar a quienes de verdad rebosan de él. Ricardo se limitó a decir: "Alejandra, si quieres seguir entrenando, puedes venir".
Amor no quita conocimiento, y Alejandra no se va a ganar la vida con el baloncesto, pero le aseguro que no es la "peor" del equipo, si cabe esta expresión. Tal vez sus padres han pecado por falta de tiempo, de no participar del "espíritu festivo" con los entrenadores y coordinadores. Tal vez sus padres han pecado de falta de "camaradería" con éstos y les ha sido más sencillo sacrificar a quien menos tienen que dar explicaciones. Sea como sea, sólo cabe esperar que tomen conciencia de que cuando se habla de responsabilidad, de compromiso, de respeto, de educación, de valores y, sobre todo, de espíritu deportivo, se debe practicar con el ejemplo. Porque siempre habrá una madre, un padre, un hijo, un hermano, quien realmente eduque y crea en estos valores, que les haga mirarse a sí mismos.
Sólo me queda decirle, para terminar, que Alejandra salió de ese "despacho" mordiendo los labios y tragándose las lágrimas, hasta llegar al coche para decirme: "No importa, mamá, yo vendré a entrenar".
Les ha quedado grande el espíritu de una niña de 12 años.
Mª del Carmen González Batista
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