D. BARBUZANO, La Laguna
El Cristo de La Laguna recorrió ayer la ciudad en solemne procesión en su día grande, dándole muestras de fe los miles de personas venidas de diferentes puntos de la Isla, que lo acompañaron desde la iglesia de La Concepción hasta su Real Santuario, avivándose así la fe que los isleños sienten por esta imagen desde que llegó a Tenerife en 1520, gracias a la petición que le hizo el adelantado Alonso Fernández de Lugo al duque de Medina Sidonia.
La solemnidad se la dio al acto la representación del Rey de España, Su Majestad don Juan Carlos, en la persona de Antonio Castro Cordobez, presidente del Parlamento de Canarias; la presencia del Pendón Real trasladado desde las Casas Consistoriales hasta la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de La Concepción; el desfile del Ejército, muy aplaudido por el público; las diferentes autoridades civiles, militares y cuerpo consular, y la misa presidida por el obispo de la Diócesis de Tenerife, Bernardo Álvarez.
El presidente del Parlamento de Canarias representó al Rey de España en la solemne fiesta del Cristo y destacó a EL DÍA que "para la institución que presido y para mí personalmente es un gran honor representar al Jefe del Estado en cualquier ocasión, y más aún en el día grande de las Fiestas del Cristo de La Laguna, cuya solemnidad y fama traspasan las fronteras de Canarias", explicó.
"Entiendo, valoro y agradezco la delicadeza de la Casa Real, que refleja la voluntad de la Corona de acercarse al pueblo y a las instituciones que actúan en su nombre. Y el Parlamento de Canarias es la primera institución de la Comunidad e integra y representa a dos millones de ciudadanos", añadió.
En relación con la celebración del día grande del Crucificado moreno, el representante del Rey, don Juan Carlos I, destacó que "como cualquier canario, tengo una lectura personal de las fiestas en honor del Cristo lagunero. Acudí por primera vez con diez años, acompañado de mis padres y, desde entonces, procuro no faltar cada septiembre, como devoto de la venerada imagen, admirador de su belleza artística y del fervor sin fronteras que suscita en todos los lugares del Archipiélago".
Pero el Cristo no sólo refuerza la fe de los laguneros, sino del resto de Tenerife y de otras islas, ya que es una fiesta en la que suele estar representada toda Canarias, rompiendo cadenas nacionales e internacionales, con turistas venidos de la Península y del Extranjero.
Carácter social
El carácter regional de las fiestas del Cristo lo pone de manifiesto este año en el programa de actos la alcaldesa, Ana Oramas, al afirmar que "se ha convertido en el Crucificado por antonomasia del Archipiélago canario, pues, como alguien ha apuntado con certeza, el Cristo de La Laguna, al igual que la propia ciudad que lo acoge, no es patrimonio exclusivo de una isla ni de una provincia concreta, sino que es un poco de cada una y un mucho de todas ellas. Cada septiembre, esta veneración colectiva vuelve a ponerse de manifiesto". Los actos del día se iniciaron con el traslado del Real Estandarte desde el Ayuntamiento hasta La Concepción, en cuya plaza formó el Ejército para rendirle honores al representante del Rey, Antonio Castro Cordobez, quien pasó revista a los soldados en formación y saludó a las autoridades situadas por fuera del templo en línea protocolaria, presidida por el presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero; la alcaldesa, Ana Oramas, y el presidente del Cabildo tinerfeño, Ricardo Melchior, entre otros.
Luego, el esclavo mayor de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Cristo, Francisco González de Aledo y Buergo, le entregó el bastón de plata de la Esclavitud al representante de don Juan Carlos I, y se dirigió a la puerta de La Concepción, donde fue recibido por el obispo tinerfeño, Bernardo Álvarez, en compañía de otras representaciones eclesiásticas. Durante la homilía, el prelado nivariense impartió la bendición apostólica, extensible por un comunicado del Papa a los miembros de la Esclavitud por ser "infatigables sembradores de esperanza y preclaros constructores de la civilización del amor".
Dice la copla popular que "Al Cristo de La Laguna/ mis penas le conté yo,/ sus labios no se movieron/ y sin embargo me habló".
Pues bien, tanto en la procesión del traslado del mediodía a su Santuario como en la de por la noche, con la gran exhibición de fuegos artificiales en el Risco de San Roque, ocurrió que miles de fieles captaron que los labios del Crucificado moreno dejaban escapar la palabra de Jesús, la escucharon en sus corazones en silencio como les enseñaron sus padres y sacerdotes y decidieron acompañarlo por toda la ciudad entregando la vida por Él.
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