Seguimos por los senderos de la verde Isla de El Hierro, y continuamos nuestro andar junto al compañero y periodista Cirilo Leal, quien nos sirve de excelente maestro de ceremonias en este periplo por la Ínsula del Meridiano.
Nuestra fuente oral de hoy es José Gutiérrez Casañas, quien nació en Sabinosa en 1924. Bañista en El Pozo de Sabinosa, pastor de ganado en La Dehesa, emigrante y librero, nuestro protagonista nos acerca a "El Día de Ayer" de una Isla que no ha pasado desapercibida en el transcurso de los años que construyen los anales de nuestro Archipiélago. "Cuando nací, Sabinosa era un pueblo pobre, sin terrenos para el cultivo, casi vivíamos de lo que nos daban los animales", afirma este herreño.
José destaca los cambios de accesibilidad que ha experimentado El Pozo, recordando una niñez en la que llegar a esa zona era tarea muy complicada. "El médico, que estaba en Valverde, se las veía y deseaba para llegar hasta aquí", comenta nuestro protagonista. Las bestias eran el vehículo utilizado antaño para desplazarse por el Risco de Jinama, "porque caminando era una matada para quien no estuviera acostumbrado".
El Pozo
Entre los muchos oficios que ejerció José cabe destacar el de bañista en El Pozo. Nuestro protagonista heredó dicha profesión de su abuelo, Mauricio Casañas, quien lo crió en ausencia de sus padres. "Cuando apenas tenía ocho años mis padres emigraron a Las Palmas en busca de mejor vida para todos y quedé con mis abuelos", comenta José.
Nuestra fuente oral de hoy comenta que lo más complicado del oficio de bañista era conseguir la temperatura adecuada del agua, reconociendo que con los años los métodos de calentamiento de la misma fueron evolucionando. "Recuerdo que mi abuelo metía la mano en el agua y sabía perfectamente los grados para dar el baño".
José Gutiérrez afirma que en esa época empleaban más de tres horas en calentar el agua, con un mecanismo consistente en poner dos latas de agua caliente y seis frías a cada baño. "Había que tener muchos fogares porque en cada uno se ponían dos latas y en ocasiones teníamos 20 ó 30 baños diarios", recuerda.
Tras el fallecimiento de su abuelo, José y su padre se hicieron cargo del trabajo en El Pozo. Nuestro protagonista no olvida que lo primero que hizo su padre fue comprar un baño de aluminio. "Compró uno blanco y otro mate, fue el primero en traer baños de aluminio".
Este herreño asegura que fueron muchos los cambios sufridos en el método de calentamiento. Las latas fueron sustituidas por bidones mucho más prácticos y que solo requerían de un fogar. "Compramos un bidón de 200 litros y más tarde otro de 400, era todo más fácil. Le pusimos a cada uno una llave que sacaba el agua caliente hasta los baños", comenta José.
Llegados los años 50, nuestro protagonista se vio obligado a emigrar a Venezuela y dejar el oficio de El Pozo. Este herreño es otro ejemplo de la capacidad como emprendedores que asumieron los isleños en años donde la imaginación conseguía traer los dineros necesarios para que "la economía del hogar caminara con buen tino", comenta José.
De esta forma nos volvemos a despedir de El Hierro, isla a la que volveremos el próximo lunes para ofrecerles otra fuente oral que nos descubrirá nuevas vivencias. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: CIRILO LEAL E ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA.
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