ES UN PROGRAMA de Antena 3 Televisión que se puede ver de lunes a viernes, antes de las noticias de las ocho de la tarde. Reúnen a cinco personas y cada una organiza una estupenda cena con la mejor voluntad y conocimientos culinarios en su respectiva casa. Al término de la comida, los comensales valoran al anfitrión por su presentación de la mesa, los platos que han degustado y el trato que han recibido. Los participantes son profesionales de muchas clases: camareros, modelos, empresarios, funcionarios... hay de todo, pero la apariencia es que la media es quizás alta en cuestiones de economía. El juego termina cada viernes premiando al que ha obtenido mejor nota media en una puntuación del 1 al 10, con tres mil euros. Un locutor, en un tono demasiado irónico, va comentando los gustos de cada participante: cómo prepara el menú y lo que piensan los comensales. Las cenas se celebran en diversas ciudades españolas.
Esta es la síntesis básica del programa, pero durante el desarrollo del mismo descubrimos a unos participantes que, a pesar de ser profesionales y que se supone deben tener cierta cultura, sólo demuestran muy baja categoría. Los comentarios y ataques personales entre ellos indican que ninguno ha mamado la mínima educación que se espera de un "ilustre huésped". Las críticas son morbosas y desafortunadas, con falta de comprensión hacia un semejante, y escasez de caridad, que nos es sólo dar un óbolo a un necesitado. En ningún momento hay intención, ni el menor deseo o interés de comprender al prójimo. Es más fácil despellejarse unos a otros, con el beneplácito de la emisora, y la colaboración del locutor, cuyo sarcasmo sólo revela lo más despreciable del ser humano.
A lo largo de mi vida, en las invitaciones en casa de amigos, no se me ha ocurrido hacer un comentario negativo acerca de la comida, la presentación o el trato; y ni mucho menos apostillar algo sobre su hogar. Por pura cortesía he aceptado incluso comer viandas que no son de mi gusto y paladar, y evidentemente los elogios y parabienes siempre han sido para el anfitrión y, especialmente, para la cocinera. De igual modo, nunca he recibido la menor descortesía de los familiares, amigos, compañeros y conocidos que he invitado a casa, que han sido muchos y muy variados. En otra ocasión hablaré más largo y tendido sobre el Club Carpanta, un grupo de amigos que nos reuníamos cada dos o tres meses y montábamos unas fiestas temáticas que duraban hasta altas horas de la madrugada, y donde había puro divertimiento, sana alegría, saber estar inigualable y exquisita cordialidad, llena de afecto y alegría. Todo lo contrario a lo que se ve en este programa, un bodrio irrespetuoso de baja catadura moral y que espero que los televidentes no crean que representa a la actual sociedad española.
Si ésta es realmente la generación de jóvenes de entre 20 y 40 años que vive en el país, mal vamos, porque con estos mimbres no funciona ni funcionará España.
Aprovecho la oportunidad de escribir para dar mi puntuación del programa. Para la emisora, un menos diez; para el locutor satírico y venenoso, otro menos diez; y para los participantes, un consejo: comiencen desde ahora a estudiar aquella asignatura que dimos los de nuestra generación, Urbanidad, porque siempre hay tiempo en la vida para mejorar.
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