Santa Cruz de Tenerife
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EL DEBATE DE LA SEMANAGRAFITIS Y PINTADAS QUE ENSUCIAN SANTA CRUZ

El arte de ensuciar

Del grafiti a la gamberrada sólo hay un paso. Expresar una inquietud artística o social en un lugar adecuado puede llegar a representar un bien común, pero atacar a destajo cualquier rincón es algo que tiene consecuencias. Santa Cruz está plagada de actos vandálicos, algo que al año supone un gasto de más de 50.000 euros.
14/sep/08 07:22
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Las pintadas y grafitis que invaden cualquier rincón de la ciudad no soportan la más mínima discusión semántica acerca de su pretendida justificación cultural o sociológica, ya que por las consecuencias que se derivan de esta práctica, su valoración no pasaría de ser una simple gamberrada o un acto vandálico más.

La infinidad de símbolos o firmas incompresibles que ocupan tanto paredes, mobiliario urbano o servicios públicos le cuesta cada año a la ciudad decenas de miles de euros, cantidad que se multiplica en los bolsillos de los ciudadanos que han sido víctimas de esta práctica en sus propiedades.

En el debate de EL DÍA de esta semana, los invitados coinciden en una postura preocupante, pero real como la vida misma, "el fenómeno del grafiti está ahí, y no será tan fácil erradicarlo".

Ramón Salas, profesor de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, fue rotundo en su argumento, pues aseguró que "la práctica del grafiti no tiene nada que ver con el arte". Aunque se mostró partidario del uso de los espacios públicos para favorecer la socialización, dijo que "no entiendo lo de los grafitis, pues cuando me he acercado a ellos, no he salido de la versión de que es gente que se quiere expresar".

En este sentido, señaló que "la expresión también hay que controlarla, porque puede llegar al vandalismo por la necesidad narcisista de marcar el territorio".

Aunque considere que no se puede vincular estas expresiones con el arte, Salas dijo que lo relacionaba con un concepto más genérico de la cultura, "pero con unos usos o hábitos de determinados grupos".

Para Pedro Paz, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Tenerife (FAVET), el grafiti "es una forma de expresión y de llamar la atención sobre aspectos de la sociedad". Paz defendió, no obstante, este tipo de expresiones "siempre y cuando sea en zonas acondicionadas, y no en fachadas de edificios o en el mobiliario público, porque el material que emplean es muy difícil de retirar".

El inspector coordinador del servicio de limpieza de la ciudad, José Ismael, aseveró que la práctica del grafiti "representa un contratiempo", más que un vía de expresión, "pues la pintada indiscriminada, que es la que se suele hacer, nos obliga a realizar una inversión importante".

Además, y aparte de los perjuicios económicos, el representante de la empresa Ubarser puso de manifiesto el problema que representa las frases ofensivas de algunas de estas pintadas, "así como el soporte donde se realizan, pues un contenedor de basura o una parada de guagua no creo que sirva para expresar nada positivo".

Eloy Fernández, como grafitero, defendió el concepto de arte de esta expresión, pues cree que empleando sus técnicas se pueden realizar muchas expresiones, entre ellas paisajes a bodegones. Sin embargo, reconoció que "el vandalismo no va a cambiar, ni con un acuerdo con los grafiteros, porque siempre habrá alguien que manche, como todo en la vida".

No obstante, defendió el paso de los grafiteros a otros ámbitos profesionales, como el diseño o la ilustración, "contribuyendo a mejorar muchos rincones de la ciudad, sin perder la opción de podernos expresar".

Sin solución

Eloy Fernández reconoció que las pintadas, "que son una moda muy mala, no tendrán solución", aunque apuntó que "se puede ir cortando un poco desde abajo, empezando por los niños".

Santa Cruz no es una ciudad especialmente atacada por los grafiteros, y aunque ha sufrido el incremento de esta actividad, "no es mucho más que cualquier otra ciudad europea", dijo Ramón Salas. El profesor de la Facultad de Bellas Artes mostró su sorpresa por el hecho de que "por una parte genere preocupación y, por otra, tiene una cobertura institucional notable", al hilo de las subvenciones públicas que recibe este tipo de expresiones. En este sentido, añadió que hay "una cierta situación privilegiada hacia estos fenómenos de la cultura urbana".

"En Santa Cruz no se ha notado mucho, pero en sitios como Barcelona hay grafiteros subvencionados y con una cobertura cultural".

Además, Salas dijo que en la capital tinerfeña "me parece excesivo este fenómeno, pero porque no me interesa nada. Lo veo excesivo, como el asfalto, pero creo que no tiene nada que ver con Santa Cruz, y nunca he encontrado un grafiti que haya mejorado un espacio o un rincón".

Pedro Paz, sin embargo, cree que no es tan excesiva esta presencia, y apostó por su promoción, adecuando zonas con las que la elaboración de un grafiti pueda mejorar el entorno. El dirigente vecinal también resaltó el valor artístico de los gafitis, frente a las pintadas, ya que consideró que "hay obras de un gran valor".

En este sentido, Eloy Fernández, que es autor de varios grafitis en la capital, como alguno de los que se encuentran en el Parque Viera y Clavijo o en el edificio de Mapfre, dijo que en la actualidad "hay más vandalismo que arte en las calles". Es más, dijo que, cuando algún grafitero hace una obra, quienes se dedican a emborronar las paredes respetan estos trabajos. Incluso, cuando han elaborado estas obras en propiedades privadas, tampoco son atacadas. Por ello, Eloy Fernández dijo que "este tipo de trabajos son buenos para inspirar a los que se dedican al vandalismo, porque ven que hay muchos posibilidades de darse a valer y marcar el territorio".

Frente a esta práctica alternativa, Fernández, que se muestra convencido de que las pintadas o las firmas que se prodigan por cualquier rincón de la ciudad "jamás se van a evitar", dijo que son objetivos de estos jóvenes los contenedores de basura, puertas, paredes y todo tipo de mobiliario urbano.

Tribus urbanas

Ramón Salas, no obstante, precisó que "no todos los murales son un grafiti", pues para este profesor universitario, este tipo de actuaciones "tiene un punto de vandalismo o de tribu urbana, con cierta épica nocturna al límite de la legalidad". Así, añadió que un grafitero se puede convertir en pintor, "pero el grafiti es un fenómeno curioso que no tiene que ver con la alta cultura", y que, al ser contratados por cualquier corporación, pierden su esencia.

Sin embargo, Pedro Paz remarcó que hay municipios que contratan grafiteros para que expresen determinadas situaciones en espacios o acontecimientos, algo que para Salas "es contradictorio".

Por su parte, Eloy Fernández, sin embargo, señaló que "aquí falta que las instituciones le den más valor a los grafitis, pues también sirven para la decoración y, aunque sea nuevo, empleamos técnicas que acaban en buenas obras".

Para Ramón Salas, no obstante, "un grafitero cuando pinta lo que le dice un alcalde, no es muy grafitero, porque esta práctica tiene que ver mucho con la adrenalina y lo prohibido".

El presidente de la FAVET, Pedro Paz, señaló que también los grafiteros pueden aportar soluciones, realizando trabajos en determinados espacios en los que plasmen lo que llevan en su interior, "pero el que llega con un spray y lanza cuatro trazos sobre cualquier soporte, no es más que un golfo".

Lamentablemente, para Pedro paz "esta práctica dañina se ha extendido por toda la ciudad y es lo que más predomina, frente a murales que tengan cierto sentido y atractivo".

De hecho, en las actuaciones de Urbaser, cuando se disponen a eliminar las pintadas, "los murales ni se tocan", dijo José Ismael, algo que remarcó Eloy Fernández, quien apeló a la conciencia de los grafiteros que sólo plasman su firma cuando acaban una obra.

Paz dijo que "hay una diferencia entre grafiteros y pintores que solo buscan la golfería".

El centro, el objetivo

Esta práctica rechazable no distingue entre las diferentes zonas o distritos de la ciudad, aunque según precisó el inspector de Urbaser, "quizá se haya extendido un poco menos en Anaga", pero remarcó que donde más prolifera "es en el centro, ya que será el mejor lugar, porque lo que buscan estas personas es que su obra sea vista por el mayor número posible de personas".

Eloy Fernández puntualizó que "el vandalismo será muy difícil de erradicar, pero como se trata de chicos de entre 10 y 14 años, en la escuela se podría hacer el esfuerzo para que entiendan esta práctica de otra manera". Además, sugirió alcanzaran acuerdos con los grafiteros para habilitar zonas donde se pueda pintar, "con lo que se evitaría que afectara a muchas zonas". Otra medida planteada por Pedro Paz fue la de facilitar soportes que sirvieran como espacios de exposición por un tiempo determinado, argumento que tanto el profesor de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la ULL, Ramón Salas, como el inspector del servicio de limpieza, José Ismael, condicionaron a la propia voluntad del grafitero, más acostumbrado a la nocturnidad y a ocultar sus actos. Salas, incluso, fue más allá, y aseguró que el Estado no tiene por qué facilitar a cada persona su espacio para que se exprese, pues abogó por defender también los intereses comunes.

Texto: EL DÍA Fotos: Désirée Martín

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