OSOS de algodón espantan las negras golondrinas que se aferran al verano; suspendidos en el aire, parecen deslizarse lentamente sobre un océano virado del revés, donde sólo el Teide mantiene la compostura al socaire de los Alisios, y las evocaciones de uno de los paraísos perdidos o tal vez arrebatados a los atlantes. Ávidos de cielos azules que se desgarran en miles de gotas de agua precipitadas en la arena de desiertos en ciernes.
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