Criterios

MIGUEL ZEROLO *

Se acabó la fiesta

14/sep/08 07:21
Edición impresa .

LA CRISIS, la dura, profunda y cruda realidad de una crisis que algunos aún hoy siguen negando, ha impactado con sus primeras oleadas. Pero esto es sólo el principio. El verdadero tsunami impactará contra nosotros a lo largo del próximo año con mucha más virulencia que contra el resto del Estado. Porque somos un archipiélago, porque tenemos una alta dependencia energética, porque nuestra economía está fuertemente terciarizada y, seguramente, porque nos lo merecemos. Tal vez, con un poco de suerte, los partidarios del "no" a todo, los visionarios de una sociedad rural, los que se han opuesto tenazmente al desarrollo de grandes infraestructuras portuarias, a nuevos viarios, a tendidos eléctricos, al ocio o hasta a los carnavales, podrán ver cumplidos sus sueños; podrán ver una sociedad desfondada, sin recursos, en la que los coches serán sustituidos por las bicicletas, los hoteles (que tanto impacto negativo causan) serán edificios vacíos, los puertos y aeropuertos estarán libres de tráficos contaminantes y ya no habrá grúas alterando el skyline del horizonte. Se acabarán la construcción, el ruido y el desarrollo. También, eso sí, el empleo y la prosperidad. Un pequeño precio.

Las alarmantes señales no paran de sucederse, una tras otra. Y, de todas ellas, las más preocupantes son los efectos de la recesión sobre el transporte aéreo y marítimo en Canarias. La principal naviera de las Islas, Fred Olsen, una empresa antaño floreciente (cuando estaba en las manos de ese enorme empresario y visionario enamorado de Canarias, Olsen, que hoy vive en Noruega), ha empezado a lanzar mensajes de que algunos años de mala gestión van a terminar en un crack que no es que afecte a una empresa privada (que es asunto de ellos), sino que toca en la línea de flotación de las comunicaciones de Tenerife, La Gomera, La Palma y el Hierro, entre otras islas. Pero es que, al mismo tiempo, el cierre de Futura, los anuncios de reducción de empleo y de líneas de Spanair y los avisos de Iberia en el mismo sentido nos ofrecen la certidumbre de que Canarias estará aún más aislada en el futuro de lo que ya lo está ahora.

Las comunicaciones aéreas y marítimas en un Archipiélago no son un asunto baladí, son una cuestión de Estado. Una cuestión esencial tanto para el Gobierno de las Islas como para los responsables del transporte de la Administración central. Un transporte eficiente de viajeros y mercancías es lo que distingue a una sociedad con capacidades de progreso de quien carece de esa posibilidad. Y a ello tenemos que sumar que los doce millones de personas que visitan las Islas Canarias cada año, los turistas, también se pueden ver afectados por las restricciones de vuelos anunciadas por los grandes transportistas, un efecto demoledor al que hay que sumar la previsible decisión de muchas familias de renunciar a sus vacaciones o de situarlas en un radio más cercano y económico de sus países de residencia.

Durante años hemos vivido en una especie de fiesta. El Producto Interior Bruto (PIB) canario crecía por encima de la media nacional, la construcción llegó al 11% de ese PIB, los servicios y el comercio florecían a la sombra de la bonanza. Mientras en otros destinos turísticos caían las sombras (el terrorismo islámico, la inestabilidad, los huracanes o los tsunamis), Canarias era un oasis de tranquilidad y sosiego para los europeos: misma moneda, transporte fácil, destino exótico pero relativamente cercano, sanidad eficiente, seguridad ciudadana?

Pero se acabó la fiesta. Durante años no hemos sabido, podido o querido prepararnos. Nuestra hiperdependencia del turismo es difícilmente soslayable. Y encima ni siquiera hemos sabido desarrollar (pese a que muchos estábamos convencidos de su importancia) grandes infraestructuras portuarias, competitivas a nivel internacional; ni el I+D, ni industrias de nueva generación? Y el panorama no puede ser más desconsolador si certificamos que, tras nuestra plena integración en las Comunidades Europeas, después de años de ayudas y fondos estructurales, nuestros sectores agrícola e industrial no sólo no se han expandido sino que se han estancado, o retrocedido, en el conjunto del PIB canario.

Ni soy un experto ni lo pretendo. Y es posible -bien que lo deseo- que estas reflexiones estén equivocadas y el próximo año sea un ejercicio de prosperidad para las Islas. Pero me temo que no va a ser así. Por eso mismo entiendo que estamos tardando en crear una Comisión Especial para el Transporte que analice y considere las medidas urgentes y extraordinarias que Canarias debe implantar bien por sí misma, bien en concierto con la Administración central. Porque Canarias, más que ningún otro pueblo del Estado español, depende del transporte para poder ser y poder estar. Y me desconsuela, me aterra ver que, perdidos en el dédalo de la lucha por las identidades y el reparto del dinero público -temas absolutamente respetables- no la estamos viendo venir. Mientras el País Vasco debate su derecho a decidir qué son los vascos y Cataluña su derecho a no ser solidarios con otros pueblos del Estado, el barco se nos llena de agua. Es como si en una lancha donde navegan unos náufragos se abre una vía de agua y los tripulantes se pusieran a discutir a quién pertenece la proa y a quien la popa. Primero tapa la grieta, evita el hundimiento y después ponte a discutir.

Mientras las autoridades niegan la crisis y minimizan el dramatismo de la recesión, las empresas entran en crisis, acuden a la concursal, reducen empleo y la economía se resquebraja. Los empleos perdidos no son cifras, son familias que se ven abocadas a situaciones extremas y con pocas posibilidades de solución a corto plazo. Deberíamos empezar a pensar en medidas extraordinarias de solidaridad con esas familias que van a pasarlo muy mal y, al mismo tiempo, empezar a coger el toro del transporte marítimo y aéreo en Canarias por esos afilados cuernos. Y, sinceramente, estamos tardando.

* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado

en el Parlamento de Canarias

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