A LOS PROBLEMAS de una crisis en el ecosistema moral de la sociedad, se han sumado una crisis económica generalizada y la tragedia del aeropuerto de Barajas, con tantas familias rotas y afectadas, con mala información a las víctimas y demostración del fracaso de una gestión de un gobierno que, en estos momentos de descanso, se han vuelto a reproducir, como falacia y cortina de humo, reproches al franquismo. Usando los primeros reveses. Pese a que Francisco Franco está ya en la historia y los investigadores históricos extranjeros aconsejen objetivar el verdadero puesto de Franco en la sociedad occidental. Curiosamente, cuando la generación de los "que no hicimos la guerra" -título de un viejo libro de Rafael Borrás-, es decir, los que rozamos los 80 años (?) constituye una décima parte de la población española. Acaso sea un fenómeno connatural a los héroes o a los mártires. Y no haré cuestión, pues ya somos mayores de edad. No escribo con nostalgia, ni menos con ira. En mi oficio habitual de dar fe o de inscribir en libros, registro unas pequeñas "perlas", a continuación, que han podido pasar desapercibidas:
-La primera viene del buen escritor canario Armas Marcelo. A pretexto -dice- de las "tribus nacionalistas" de ahora y de la acusación de los de "arriba" de "fascistas" a toda crítica a lo políticamente correcto, trae a colación (ABC, de 19-8-2008) una supuesta acusación sobre Berlanga. A raíz de la película "Bienvenido, Mr. Marshall", que Franco no lo llamó traidor, sino algo peor "mal español" (eso dice Armas). La película no la censuraron y Franco, como muchos españoles, se rio mucho. Y a pretexto de tal supuesta anécdota, Armas, con fina pluma, recuerda añoranzas con Jerónimo Saavedra, y otros socialistas canarios, como "títulos", entre otros, para un antifranquismo. Esto ya fue resaltado por el escritor y gran periodista de Las Palmas, Miguel Jiménez Marrero, en sus memorias, en dos grandes tomos.
-La segunda "perla" está en el preanuncio de Carrillo, según entrevista reciente, del fracaso de la primera transición, con defectos. Y lo que habría que hacer como aportación de la actual democracia. Nada recuerda de Paracuellos. Parece que fue él, con el Rey, el motor del cambio. Ahora se alegraría saber de la retirada de la estatua del Caudillo en Santander, posterior a la desaparición, con nocturnidad y alevosía, de la que se encontraba en la entrada del Ministerio de la Vivienda, de Madrid.
-Y la tercera "perla", una vez propuesto el destino de la estatua de Franco en la plaza del Ayuntamiento de Santander, reseñar la operación de márketing de varias páginas en color, en prensa regional y nacional, sobre el cambio urbanístico. Aún confesado que el solar de la estatua se colocará otro a decidir (no creo sea la del héroe Velarde), que orna la plaza de la Porticada. No apelo a mi vinculación familiar y mis servicios a la Montaña. Esto también es parte de mi historia. El Ayuntamiento del PP de Santander ya es mayor de edad. Como lo son los cántabros que participarán en información pública administrativa sobre la remodelación, en su caso. Recordaré que Cantabria, conservadora, zona nacional, burguesa, derechista, fue aislada en 1936 de la zona nacional. Hoy se saben algunas cosas. De ellas, la circunstancia -v. el libro "El pacto de Santoña"-, de los "batallones vascos", que no se pusieron a las órdenes del gobierno central republicano. Como ocurrió con el Ejército de la Generalitat, causa, como han dicho expertos militares, entre otras, de la pérdida de la guerra por los republicanos.
Sin embargo, Cantabria tuvo la persecución religiosa, proporcionalmente, más fuerte en España: la checa de Neila, el barco-prisión "Alfonso Pérez", fondeado en la bahía (allí estuvo, aunque sobrevivió, mi padre político, todo el tiempo). Más los despeñaderos en sacos atados en Cabo Mayor y en el palacio de la Magdalena (sobrevivieron, disfrazados de milicianos, los monseñores Altabella y Morcillo). Don Ángel Herrera había salido a Lovaina. Los que iban a impartir el curso, entre ellos Ortega, que se exilió como pudo desde Madrid; Américo Castro, Salvador de Madariaga, a sus embajadas, y Recasens Siches, en cuya cátedra de México colaboré, una vez que burló a la Pasionaria en París. Balance en Santander. Unos 800 fusilamientos y mártires, con varios beatos.
¿No se le llamó a Franco el "liberador", como los aragoneses seguimos llamando a Alfonso I, el "Batallador"? Franco, además de reconstruir todo el paseo marítimo hasta más allá de la catedral, con un gobernador civil que era registrador -Reguera Sevilla-, a raíz del incendio en el puerto, se merecería ser llamado el "restaurador". El Caudillo nos sonreiría ahora y volvería a recordar su mensaje sobre la disciplina cuando la República cerró la Academia General de Zaragoza, mensaje que suele impregnar no pocos de los de S.M. el Rey, nombrado por Franco, su sucesor. Los mártires cántabros no necesitan nada en la paz de Dios.
* Jurista. Académico
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